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Boletín ENCUENTRO Nº 2 (.htm)
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Relaciones interpersonales
desde la perspectiva dialógica
por Raúl García Pérez

Nuestras comunidades tienen que aprender a desarrollar relaciones armoniosas entre sus miembros, aprender a cuidar unos de otros y a tolerarnos y a dialogar constructivamente.

Perspectiva dialógica según Martín Buber.

Buber fue profesor de religión y ética hebrea desde 1923 hasta 1933, y más tarde de historia de las religiones desde 1933 hasta 1938 en la Universidad de Frankfurt, Alemania.

En 1933, año en que los judíos fueron expulsados de todas las escuelas alemanas como consecuencia de la llegada al poder de Adolf Hitler, los dirigentes judíos en materia pedagógica nombraron a Buber director de la Oficina Central para la Educación de Adultos Judíos en Alemania.

En 1938 emigró a Palestina (hoy Israel) y desde 1938 hasta 1951 fue profesor de filosofía social en la Universidad Hebrea de Jerusalén. En 1949 fundó, y hasta 1953 dirigió, el Instituto Israelí para la Educación de Adultos, que preparaba profesores para trabajar en el ámbito de la inmigración. En 1958 fue el editor jefe de la Enciclopedia para la Educación israelí. También fue un dirigente de la asociación Ichud (hebreo, «Unión»), grupo que pretendía la reconciliación entre árabes y judíos.

Buber es más conocido por su filosofía del diálogo, un existencialismo religioso centrado en la distinción entre relaciones directas o mutuas (a las que llamó «la relación Yo-tú» o diálogo) en las que cada persona confirma a la otra como valor único y las relaciones indirectas o utilitarias, (a las que llamó «yo-él» o monólogo), en las que cada persona conoce y utiliza a los demás pero no los ve ni los valora en realidad por sí mismos. Al aplicar esta distinción entre «diálogo» y «monólogo» a la religión, Buber insistió en que la religión significa hablar con Dios, no sobre Dios. Esto no es monoteísmo, sino el diálogo entre el hombre y Dios que es la esencia del judaísmo bíblico. El hombre adquiere conciencia de ser dirigido por Dios en cada encuentro si permanece abierto a esos signos y dispuesto a responder con todo su ser. La filosofía del diálogo de Buber ha tenido mucha influencia en pensadores de todos los credos religiosos, incluidos teólogos protestantes de la categoría de Karl Barth, Emil Brunner, Paul Tillich y Reinhold Niebuhr.

Su obra más importante es Yo y tú(1922), en la que construye una teoría general del diálogo. La situación de «diálogo» en que esencialmente consiste la religión, la constituye Buber en la categoría fundamental de su «filosofía dialógica». De las tradiciones místicas populares judías de Europa oriental (jasidismo), toma la idea de un Tú trascendente con quien el hombre ha de establecer, en contra de los supuestos de la religión judía tradicional, una relación de diálogo. Se originan así conceptos fundamentales (o «palabras primordiales»): Yo-Ello, Yo-Tú, parejas de palabras que remiten de un sujeto a los objetos, de un sujeto a un sujeto y a un Otro.

El hombre necesita ambos tipos de relación: con los objetos y con los sujetos, pero la relación verdadera no es la que cosifica, y hace de los demás un ello, sino la que se establece con el tú personal, cuya forma perfecta es el Tú eterno, que nunca se convierte en Ello; relación abierta, imprevisible y llena de riesgos. De ahí surge la reciprocidad, y de ésta la conciencia de sí mismo, el imperativo ético de superar los falsos diálogos hasta la reciprocidad más auténtica que es el amor.

Yo—Tú—Ello

«Las palabras primordiales no significan cosas, sino que indican relaciones…»

La palabra primordial Yo-Tú, sólo puede ser pronunciada por el Ser entero.

La palabra primordial Yo-Ello jamás puede ser pronunciada por el ser entero.

«Escuchar a la totalidad de la persona con la totalidad de la persona».

Cuando se dice , quien lo dice no tiene ninguna cosa como objeto suyo. Pues donde hay una cosa, hay otra cosa.

Cuando uno dice , no tiene a la vista cosa alguna. no tiene confines…

La terrible melancolía de nuestro destino reside en el hecho de que en el mundo en que vivimos se convierte en Ello

«Cada Ello, si entra en el proceso de la relación, puede convertirse en un , cada , una vez abandonado el fenómeno de la relación, se convierte necesariamente en un Ello».

«Toda vida verdadera es encuentro».

No existe el Yo en sí, sino en relación Yo-Tú  o Yo-Ello. El Yo está presente tanto cuando se dice Yo, como cuando se dice o Ello. Ser y decir Yo son una sola y la misma cosa. «Quien pronuncia una de las palabras primordiales penetra en esta palabra y se instala en ella». Para el hombre, elmundo aparece como dos aspectos según las palabras  fundamentales (pares de vocablos) que pronuncia: Yo-Tú / Yo-Ello.Las palabras fundamentales no significan cosas, sino indican relaciones: expresan algo que no tienen existencia independiente, sino que adquieren existencia al ser dichas.

Experiencia fugaz pero profunda

La relación

«En el comienzo es la relación». «El niño tiene instinto de relación».

«La persona aparece en el momento en que se entra en relación con otras personas».

La relación dialógica

«La vida dialógica no es aquella en la que se está continuamente entre personas, sino precisamente aquella otra en que con las personas con las que se está se está verdaderamente. Vivir monológicamente no es vivir en solitario, sino no ser capaz de convertir en realidad esencial la sociedad en la que la persona se mueve conforme a su destino».

Por aquí se encuentran las dos actitudes básicas que desafían a los seres humanos hoy: “los que quieren ser ellos mismos y realizarse utilizando a los demás, y los que optan por ser ellos mismos dejando que los otros tengan su propio modo de ser. Rehusamos adoptar la primera actitud, pero no queremos despreciar a los que la adoptan, porque sabemos que demasiado a menudo todos tenemos la tendencia a hacer lo mismo. Sabemos que ellos temen ser destruidos por otros, si les dejan ser ellos mismos. Pero no podemos aceptar una división entre nuestra propia realidad y la realidad de los otros como un conflicto o límite. Solamente siendo nosotros mismos podemos ayudar a otros a ser ellos mismos, y sólo dejando a otros ser ellos mismos, ser diferentes, podemos llegar a ser nosotros mismos.

El concepto de reciprocidad, pues, hace referencia a una antropología que tiene como punto de partida la idea de que el ser humano es relación y no simplemente que está en relación. Se puede pensar, cabalmente, en el Yo solamente cuando se logra pensar este en relación con un Tú. Ello significa capacidad de distinguir entre relación de intercambio y de don. En la primera, los términos de la permuta son equivalentes: yo te doy una cosa, un bien, y tú me das el dinero correspondiente. En las relaciones, genuinamente recíprocas, siempre se da, pero se diferencia de la anterior porque quien da primero debe poner al otro que la recibe en condiciones de reciprocidad, es decir, de donarse él también en la libertad y la fraternidad so pena de caer en la humillación.

Amar a alguien significa ofrecerle toda nuestra personalidad para ayudarle a crecer como persona. Pero mientras no seamos auténticos, tampoco el otro lo será. La honestidad crea honestidad. La falsedad crea falsedad. Si no tenemos miedo de ser nosotros mismos, tampoco el otro lo tendrá. La respuesta a la pregunta: «¿Qué puedo hacer para ayudar a otros a llegar a ser ellos mismos?», es: «no hagas nada. Sé tú mismo». El amor no es un modo de hacer, sino un modo de ser. No es una acción sino una actitud...Lo primero que necesitamos para ayudar a otros a crecer, es no impedir nuestro propio crecimiento. En otras palabras, a menos que nos amemos a nosotros mismos, no seremos capaces de amar a otros.

El amor es un sentimiento que se adhiere al Yo de manera que el sea su contenido u objeto: está entre el Yo y el . En este contexto de amor, se universalizan los y se eliminan las distinciones, las clasificaciones y las exclusiones que se puedan producir (buenos, malos, sabios, necios, bellos, feos...): todos son visto en el cara a cara del (seres liberados, determinados, únicos) esto se refleja en el Nuevo Testamento cuando se expresa que en Cristo ya no hay diferencias, y que los los que antes estábamos lejos hemos sido hechos cercanos, epístola a los Galátas y Efesios.

El amor se convierte en la responsabilidad de un Yo por un . Solamente así puedo educar, ayudar, curar, liberar, elevar.  En esto radica la igualdad entre los que se aman. Hacerse cargo mutuamente y estar abiertos a los otros que constituyen la humanidad común.

Relación con Dios

Cada particular abre su perspectiva sobre el Tú eterno. El de todas las relaciones se realizan y dejan de realizarse, pero no se consuma en ninguna. Sólo se consuma plenamente en la relación directa con el único que, por su naturaleza, jamás puede convertirse en Ello (Dios). Los nombres del eterno han sido variados: los primeros mencionaban a Dios como un Tu absoluto; con el tiempo – al convertirlo en objeto de reflexión - se acercaron a las designaciones del Ello.

En la relación con Dios la exclusividad incondicional y la inclusividad incondicional se identifican. Quien entra en la relación absoluta no se preocupa por nada aislado – cosas, seres, cielo, tierra – pues todo queda incluido en la relación. No se encuentra a Dios si se permanece en el mundo, pero no se lo encuentra si se abandona el mundo. Dios es el «Todo otro», «Todo mismo», «Todo Presente».

No se puede hablar con propiedad de la búsqueda de Dios. Dios es encuentro y no puede ser inferido de ninguna cosa.  Es un hallazgo que uno mismo no ha buscado, un descubrimiento prístino, original. Es el Ser más inmediato, más cercano y más duraderamente presente en nosotros.

La relación con Dios es la relación del amor y no del sentimiento que acompaña al amor. Hay un profundo encuentro – de necesidad mutua – entre el hombre y Dios. La plegaria (expresa un sentimiento de dependencia absoluta) y el sacrificio han recorrido la historia de la relación con Dios.

A este respecto, viene a cuento la cita de Emil Brunner:

La revelación bíblica del AT y del NT trata de la relación de Dios con los seres humanos y de los seres humanos con Dios. No contiene ninguna doctrina sobre el Dios en sí o el hombre en sí. Considera siempre a Dios como el Dios-hacia-el-hombre y al hombre como al hombre-a-partir-de-Dios. Dios incluso en su ser-en-sí desde el principio desea ser comprendido como el-Dios-hacia-el-hombre: este es precisamente el sentido de la doctrina sobre el Dios-Trino; el ser humano siempre, incluso en su ser natural, es el-hombre-a-partir de Dios: este es el sentido de la doctrina de la imago dei y el pecado original. Y ambos pueden conocerse en su plenitud únicamente en Jesucristo, en el que, en cuanto hombre que ha llegado a ser Hijo de Dios, se revela el Dios-hacia-el-hombre y el hombre-a-partir-de-Dios.

En la Biblia esta doble relación entre Dios y el hombre se realiza como acontecimiento en una historia.

Comunidad

Para Buber, la comunidad no era ni una mera sociedad, ni una mera colectividad:

La colectividad no es una unión sino un haz, un empaquetamiento de individuos junto a individuos distribuidos y dispuestos gregariamente, entre hombre y hombre no hay otra vida que la incitada por el paso de marcha. Pero la comunidad, la comunidad emergente (la única que conocemos hasta el presente) no es ya el estar unos junto a otros sino el estar uno cabe el otro de una pluralidad de personas que, aunque se muevan juntas en orden a una meta, experimentan una mutua respectividad, un estar frente a frente dinámico, un acudir del Yo al Tu. Comunidad existe donde ocurre comunidad. Mientras la colectividad se basa en una atrofia organizada de lo personal, la comunidad se basa en el crecimiento y fortalecimiento de las reciprocidades.

Bajo el caos organizado en que nos movemos, todos esperamos la punzada liberadora, un brusco giro de la historia- al menos de la relación social- por obra del cual el trabajo, la economía, la administración y la política, sin dejar de pertenecer al mundo del ello, porque eso sería imposible, permitan y favorezcan el resurgimiento del tú. Porque nunca habrá fábrica ni oficina entre cuyos tornos o mesas no puedan nacer y alzar su vuelo una mirada de criatura, sobria y fraternal, que sea el signo y la garantía de una humanidad en camino hacia su fin verdadero.

El Nuevo Testamento da una importancia extraordinaria a las relaciones entre los creyentes, en nuestro lenguaje, relaciones interpersonales.

La Iglesia es el proyecto de Dios para crear una nueva humanidad según su propósito «el ser humano nuevo» (Ef 3:1ss; 4:24).

El amor «ágape» que es la máxima expresión del amor en nuestras relaciones (1Tes 3:12), es de naturaleza espiritual y por más que nos esforcemos no lo conseguiremos por nuestros propios medios.

Dificultades para el diálogo, las barreras a la comunicación

La comunicación es un dialogo.

Dialogo es un serio hablar y escuchar, un dar y recibir entre dos o más personas, en el cual el ser y la verdad de uno son confrontados con el ser y la verdad de la otra.

Para que haya dialogo pleno se necesita una sola condición: debe haber reciprocidad y deseo de dialogo por ambos lados.

No siempre es fácil conseguirlo.

Barreras del significado: Lenguaje, imágenes, ansiedades, defensas, designios (fines a conseguir, objetivos)

Necesidades ontológicas de todo ser humano: seguridades del ser, el valor de seguir siendo. Afirmación y seguridad.

Significado: cuando nos proponemos comunicarnos con otro, nos dirigimos a él con la expectativa de que él responderá. Esperamos que los significados que intentamos comunicar activarán ciertos significados en él que le impulsarán a replicar, y que cada uno continuará en un intercambio de significados mutuo y reciproco hasta que se haya realizado algún cambio.

Comunicación: ocurre siempre que hay un encuentro de significados entre dos o más personas.

Una barrera a la comunicación es algo que impide que los significados se encuentren. No se debe suponer que si uno puede hablar, puede comunicarse. Nuestra educación induce a creer que la comunicación es más fácil de lo que en realidad es.

El terreno primordial del que surgen las barreras, es la necesidad y la preocupación que cada individuo siente por su propio ser: en otras palabras, las barreras surgen de la necesidad ontológica del hombre. Todos estamos buscando garantías y seguridades del ser, y el valor de seguir siendo. Buscamos afirmación y seguridad.

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