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Northrop Frye (trad. Elizabeth Casals)
El gran código:
Una lectura mitológica y literaria de la Biblia
Gedisa: Barcelona, 1988 (Serie Esquinas) Reimpresión de 2001
RECENSIÓN por Zedro Zamora
Frye es uno de los más respetados lingüistas y pensadores a lo largo del desarrollo de su obra, que recorre los años 70 y 80. Este título es, de hecho, una obra de madurez.
Reconoce su autor que no es especialista en Biblia, y que por tanto la aborda desde su perspectiva de crítico literario y lingüista. Con todo, hay que tener en cuenta que esta ciencia es una de las más pertinentes al estudio del texto bíblico. Es más, los últimos desarrollos de esta ciencia, en los que Frye ha sido una pieza clave, han tenido mucho que ver con la introducción de metodologías literarias en la exégesis bíblica. Por ello, su tratamiento de la Biblia marcó en buena medida a muchos exegetas de los 80.
Es una pena que las primeras 130 páginas conformen una excesivamente extensa introducción a la materia. Su lectura es cansina, sobre todo para quien busca entrar directamente en materia, esto es, en la interpretación del texto bíblico. Pero también es verdad que quien esté más interesado en la literatura como tal, encontrará mucha sustancia en estas páginas.
Es pues a partir de la 131 que inicia su recorrido por el texto bíblico, en su orden canónico; esto es, analiza los grandes bloques bíblicos, tal como “Creación”, “Revolución”, “Ley”, “Sabiduría“, “Profecía”, “Evangelio” y “Apocalipsis”. Este análisis obliga a simplificaciones o reduccionismos, pero es interesante en sí mismo, sobre todo porque en nuestro contexto solemos interpretar la Biblia “a trozos”, es decir, en pequeños fragmentos (por versículos o por capítulos como mucho).Cierto es que el lector no especializado se encontrará con un análisis que le sorprenderá. Parte Frye de la siguiente base: el lenguaje es como una metáfora de la cosmovisión de la persona parlante (autor o autores en este caso), la cual abarca sus visiones parciales sobre aspectos como la política, sociedad, etc. De este modo, su análisis no se detiene en la minucia del detalle, en el significado particular de una oración o texto más o menos extenso. Todo lo contrario, el texto bíblico, en sus distintas grandes secciones, transmite determinadas cosmovisiones y tomas de postura, sean o no conscientes sus autores. A modo de ejemplo, cito una oración que es parte de su análisis de la sección que denomina “Revolución” y que corresponde al período del éxodo. Dice así: “Es fácil perder de vista en todo esto el verdadero sentido que se oculta tras el odio a la idolatría. Hemos intentado demostrar que la raíz de ese odio es cierta impaciencia revolucionaria, unida a una actitud pasiva hacia la naturaleza y hacia los dioses que supuestamnte la dominan.” (pág. 144)Este carácter revolucionario e impaciente conduce directamente a una ley exigente (pureza) de la que afirma que surgirá una especie de terrorismo de estado que en el Nuevo Testamento se hereda en pasajes como los de Ananías y Safira (Hechos 5). Me imagino que más de uno se indignará ante tamaña afirmación. Sin embargo, da que pensar.Esta segunda parte del libro es recomendable para estudiantes y lectores inquietos o inconformistas. Aunque no les convenza –como tampoco me convence a mi--, sí les hará pensar y les ayudará a entender que en las palabras de la Biblia hay más implicaciones de lo que nos imaginamos, sobre todo cuando se la lee con “ojos seculares” y no con ojos religiosos demasiado acostumbrados a su lenguaje. Dicho más popularmente, se darán cuenta de que en la Biblia “hay más miga” de lo que sospechaban. Sólo por esto vale la pena leer esta segunda sección del libro.
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