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  Gerd Theissen
El Nuevo Testamento:
Historia, literatura, religión
Sal Terrae, Santander, 2003. 255 páginas. (14,50€)

Nº 14, Vol. 2, Año 2004 — RECENSIÓN por Sergio Rosell

Conocí a David Álvarez, quien hace la presentación de la versión española del libro, en Deusto y enseguida me di cuenta de que G. Theissen tiene un ojo clínico para elegir a quiénes quiere a su lado. Este joven católico y brillante doctor en teología ha publicado su tesis en alemán bajo Theissen, quien le ha vuelto a invitar a volver a Heidelberg. Lo cierto es que Theissen tiene esa capacidad para crear expectación y asombro por medio de lo que escribe. En esta nueva obra, recopilatoria y asentada sobre trabajos anteriores, el autor quiere acercar al lector inquieto a la realidad del Nuevo Testamento, pero desde una visión algo distinta, desde dentro de la propia dinámica que produce el Nuevo Testamento como colección de textos y tradiciones varios. Es decir, que a Theissen no le interesa sólo el estudio de los escritos individuales, sino las tensiones, réplicas y contrarréplicas que se dan en su seno y que hacen de esta colección de textos un canon vibrante. Repetidamente he leído obras de Theissen en las que quiere acercar el texto bíblico al «gran público», quiere y desea acercarlo a la persona de la calle, pues es también «su» texto. Su preocupación es que el Nuevo Testamento no caiga en el olvido, que no se quede estancado entre aquellos para quienes ya es relevante.

Tras su centrada y excelente introducción, Theissen pasa a estudiar el tema de las formas literarias dentro del NT. Sirviéndose de lo que ya ha estudiado en su libro, La religión de los primeros cristianos (Sígueme, Salamanca, 2002), este autor habla de las funciones del ethos, rito y mito en los primeros cristianos, que han de ajustar la creencia en el Dios hecho Hombre Jesucristo a su contexto, marcado en principio por la fe del judaísmo y del AT. Tras un escueto estudio de estos pormenores, se definen las categorías de evangelios y cartas y sus funciones sociales, doctrinales, e históricas en la formación del canon.

En la segunda parte el centro de atención es Jesús de Nazaret, quien no escribió ni una sola línea, pero sí dejó un núcleo de dichos y de vivencias que se convirtieron a la postre en el núcleo de la proclamación de la Iglesia. Esta tradición oral sobre Jesús es tema de estudio del tercer capítulo. Aquí Theissen repasa de manera clara y erudita las distintas fases en la elaboración de los evangelios sinópticos, pero siempre teniendo en cuenta el mileiu que enmarca estos dichos. Concluye así una primera parte que se ha dedicado a estudiar el origen y fuentes de la primera forma literaria mencionada, el euangelion, y que se refiere a la primera generación cristiana.

En el capítulo cuarto el autor se centra en la indiscutible figura de Pablo de Tarso, representante de una de las corrientes de pensamiento (la helenista) que se abren inmediatamente tras la muerte de Jesús en el cristianismo primitivo. Una vez ubicado el apóstol en la historia del desarrollo del movimiento, el lector puede ahora repasar (capítulo cinco) de forma somera pero atractiva cada una de las cartas que escribiera el insigne apóstol a los gentiles. La preocupación del autor no es sólo doctrinal, repasando el contenido principal de cada una de las cartas, sino que se centra asimismo en el nuevo o reelaborado género literario que se origina a partir de la pluma de Pablo. Las cartas substituyen ahora la presencia física del apóstol, incapaz de abarcar todo el área que ha evangelizado. De esta forma, la conocida forma de la carta privada se convierte en una carta a toda la comunidad (p. 101). Acaba este capítulo quinto con la carta a los Romanos, carta que recoge y reagrupa la doctrina desarrollada por Pablo a lo largo de su vida. Se trata de una síntesis madura de su teología (p. 129).

Cuando nos adentramos en el capítulo seis estamos tratando ya con las generaciones segunda y tercera. Aquí se experimenta una transición importante. Mientras que en la primera generación los apóstoles itinerantes eran las grandes autoridades del movimiento, una vez muertos éstos, son las comunidades locales, y a menudo de paganocristianos, las que gana importancia. Theissen desarrolla entonces su tesis acerca de las razones por la formación de los evangelios sinópticos (que incluye Lc-Hch) y comenta escuetamente sobre el contenido y distintivos de cada uno de ellos.

El capítulo séptimo se centra en las cartas pseudoepígrafas como continuación de la literatura de la primera generación. Este acercamiento le permite distinguir entre el Pablo histórico de la imagen cristiana primitiva del apóstol (p. 177). Theissen defiende esta postura afirmando que este tipo de escrito tenía como clave de origen la conciencia de representación que el mismo Pablo alentaba en alguna de sus cartas (1 Co 4, 17). Al ser escritas por discípulos del maestro apóstol, en ellas podemos observar ciertas correcciones a posibles mal interpretaciones o confusiones. Se trata, en fin, tanto de un desarrollo como de una guía de interpretación de las cartas auténticas de Pablo. Las cartas católicas también se comentan con un cierto sabor a la clásica postura del Tendenzkritik defendida por F.Ch. Bauer. En este tipo de literatura podemos observar las tensiones que se dan en el seno de la comunidad primitiva entre los «helenistas» (Pablo) y los «judaizantes» (Pedro y compañía). La manera de leer las cartas católicas se enmarca dentro de una atmósfera ‘tensa’ y constructiva que es una entre otras hipótesis de estudio del Nuevo Testamento.

Ya en el capítulo octavo nos adentramos en el estudio de los escritos joánicos, donde Theissen relaciona estrechamente las tres cartas de Juan con el evangelio del mismo nombre y con el último libro del canon neotestamentario. A pesar de ser comentarios muy escuetos, el lector siempre puede encontrar perlas de gran valor entre la multitud de referencias y evocaciones a la historia.

Concluye nuestro libro con una estupenda recapitulación titulada ‘El camino hacia el «Nuevo Testamento» como unidad literaria’, en la que se aborda el tema de la elaboración del canon tomando en cuenta lo último del estudio histórico y teológico de este proceso que lleva hasta el s. IV, y que mira más a la comunidad de fe que produce y nace de los textos que a los escritos individuales.

Un libro por tanto, ameno y llamativo para aquellos que disfrutan y anhelan conocer más los escritos del Nuevo Testamento, pues como dice su autor, «…de ellos surge, igual que antes, un rayo de eternidad en el tiempo».

 

 
 
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