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  John Drane
Introducción al Antiguo Testamento
CLIE-SEUT (Colección SEMINARIO), Terrassa, 2004

Nº 18, Vol. 2, Año 2005 — RECENSIÓN por Pedro Zamora

Quien suscribe esta reseña se tomó hace unos años bastante tiempo para traducir esta obra, que es una actualización de otra anterior publicada en 1987 en castellano. Por tanto, ni qué decir tiene que voy a hablar muy bien de ella.

John Drane es un autor evangélico (anglicano para más señas) que se ha dedicado a divulgar la crítica bíblica de las facultades teológicas entre los lectores no especializados. Y ha hecho una gran contribución. En el contexto evangélico español hacia falta una Introducción al Antiguo Testamento de este estilo, ya que en la mayor parte de las librerías evangélicas dominan las introducciones acríticas.

En efecto, Drane expone con mucha claridad didáctica los principales presupuestos exegéticos que hoy se siguen en la interpretación del AT. Y en mi opinión, el lector medio interesado en la lectura bíblica tanto por curiosidad como por devoción, debe conocer los aspectos fundamentales de la exégesis moderna.Pero Drane no asusta con tecnicismos. Por el contrario, organiza su obra siguiendo como dos hilos conductores: uno, el principal y con letra más gruesa, presenta los aspectos más importantes del AT, mientras que el otro, más técnico y con letra más pequeña, amplía la información con datos y teorías algo más complejas. Por tanto, el lector puede optar por centrarse en uno de estos hilos o por seguir los dos, o incluso por ser selectivo con el segundo.

Esta presentación va acompañada de buenas ilustraciones fotográficas, gráficas y cartográficas que enriquecen su formato y motivan la lectura.

Respecto a los contenidos, Drane organiza su exposición en dos partes: la primera (capítulos 1-8) aborda la historia de Israel siguiendo la cronología del canon bíblico, y la segunda (capítulos 9-13) repasa esa misma historia desde su significado más teológico. Este planteamiento es sólido porque el quehacer teológico bíblico está siempre arraigado en lo histórico, de modo que nunca encontraremos un “tratado de teología” separado de la historia del pueblo de Israel o de la historia de Jesús y sus discípulos, o de la historia de la Iglesia. Además, de este modo se pone de manifiesto hasta qué punto la teología bíblica vive de la tensión creada por la propia realidad histórica. Pero a la vez, esta tensión no conduce al bloqueo sino todo lo contrario, lleva a un permanente redescubrimiento de quien es Dios y cómo se relaciona con el mundo humano.

En definitiva, recomiendo encarecidamente la lectura de esta obra a cualquier persona que desee dar un paso importante en la comprensión del Antiguo Testamento, dejando atrás ciertos temores o prejuicios que sobre el mismo se tengan.

 

 
 
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