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  Xabier Pikaza Ibarrondo
Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra
(Estella: Verbo Divino, 2007)

Nº 28, Vol. 2, Año 2007 — RECENSIÓN por Pedro Zamora

Esta obra tiene como enfoque exponer y comentar «con cierto detalle las líneas principales del despliegue y comprensión de las Escrituras judías y cristianas desde un punto de vista histórico, social y religioso» (pág. 9). Yo diría que estos tres calificativos son comunes a todos los diccionarios bíblicos, pero no así el enfoque sobre las líneas principales del despliegue y comprensión de las Escrituras», que se hace eco del subtítulo de esta obra: «Historia y Palabra». El programa distintivo de este diccionario son las «Escrituras» en tanto que configuran una unidad confesional que interpela al ser humano, y muy particularmente al creyente.

Por este motivo, y como parte del aspecto histórico (que incluye lo social y religioso), se presta especial atención al carácter poético y narrativo de cada vocablo explicado. Para Pikaza resulta vital el marco narrativo de cada palabra, entendiendo por marco narrativo no sólo el más inmediato sino el de las propias Escrituras. Es este carácter narrativo el que le permitirá fácilmente presentar el aspecto interpelante de cada vocablo estudiado; es decir, el carácter de «Palabra».  Por eso el estilo y lenguaje de la obra también evita el tecnicismo y academicismo, a favor de un discurso más universal, dentro de los límites de una obra de estas características, ¡claro está!

Como parte de esta comprensión de las Escrituras como unidad de historia y palabra, se nos ofrece una sección de «Bloques temáticos y esquema de lectura» (págs. 13-20), que clasifica todas las entradas del diccionario en trece secciones temáticas, cada una con sus respectivas subdivisiones. Creo que este bloque puede ser sugerente, pero a la vez se hace demasiado personal, pues es tarea imposible deshilvanar el prieto tejido poético-narrativo de la Biblia. En este sentido, creo que la trama de ecos y resonancias que forma la Biblia queda magníficamente reflejada en la mayor parte de las entradas del diccionario, sobre todo cuando se tratan personajes y temas mayores, como por ejemplo «Moisés», «Jesús», «Salvación», etc. Precisamente, debido al agudo sentido de Pikaza por los ecos y las resonancias bíblicas, uno se siente más impulsado que en otros diccionarios a consultar muchas de las remisiones a otras entradas.

A este respecto, es de agradecer que Pikaza haya integrado los ecos y resonancias de los dos testamentos, como parte de uno de sus presupuestos básicos: leer «el Testamento Israelita» vinculándolo «con el mensaje y vida de Jesús» (pág. 10). Su integración no es una burda cristianización de las Escrituras Hebreas, sino todo lo contrario, un reconocimiento a la raíz judía de la fe cristiana. En este asunto, los diccionarios más académicos suelen ser muy circunspectos, mientras que Pikaza es más desenvuelto. Por ejemplo, concluye la entrada dedicada a «Moisés» con una amplia atención a cómo el NT ve en «Josué-Cristo» al heredero de Moisés. Y atención parecida dedica a la lectura musulmana de Moisés. Y digo que es de agradecer, porque es una lectura cristiana honesta, no subrepticia como ocurre en muchas obras de este tipo.

Algunos lectores de esta obra podrían pensar que se trata de un diccionario de teología bíblica, más que crítico. Sin duda, hay mucha teología en su análisis. Pero la teología bíblica moderna es a su vez resultado de enfoques críticos. Sin embargo, Pikaza ha eludido expresamente hacer referencia a tales aspectos. Volviendo a Moisés, no encontraremos en su estudio referencia alguna a cuestiones crítico-literarias como las fuentes (ya sean las tradicionales J, E, D y P o cualquier otra versión más actualizada) y las consiguientes imágenes de Moisés postuladas por cada una. De ahí que pueda decirse que la teología de este diccionario es primordialmente narrativa, lo que responde al propósito expuesto al principio de esta recensión. Eso sí, el poso histórico-crítico de Pikaza se deja ver en muchos conceptos donde sólo tácitamente está presente. Y por supuesto, sí se manifiesta claramente en las entradas que requieren de una presencia visible de la crítica bíblica, como por ejemplo en las concernientes a libros bíblicos o secciones de la Biblia (v.g. Pentateuco, Sinópticos, etc.).

¿Resta solidez académica este enfoque del diccionario? Yo diría que no, ya que también este enfoque tiene su fundamento académico en nuevas corrientes críticas que o bien arrojan nueva luz sobre la comprensión de las Escrituras, o bien recuperan viejas luces desvanecidas. Me refiero, por supuesto, a corrientes como la denominada ‘Lectura Canónica’ o la ‘Narratología’. Ambas recuperan para el lector de hoy una visión más integrada de las Escrituras que, a fin de cuentas, era ya operativa en su complejo proceso de formación. Es más, tampoco la lectura teológicamente comprometida que hace Pikaza de muchos conceptos principales, cae en mera subjetividad, ya que la lectura confesional honesta descubre en las Escrituras lo que no se puede captar sólo desde la supuesta neutralidad. Además, la lectura confesional de Pikaza no es ajena al criterio académico. Y sobre todo, considero una exquisita contribución para la exégesis el someter conceptos o palabras clave a reflexiones de fondo teológico e incluso filosófico que llevan la comprensión de su significado más allá de los estrechos límites de lo histórico. Un ejemplo de esto es su estudio de «Dios» y la síntesis teológico, fenomenológica y filosófica que nos ofrece bajo el apartado «Visión general» (págs. 271-273).

Todo lo dicho hasta aquí se podría sintetizar diciendo que este diccionario tiene personalidad. No es el caso de la mayor parte de obras de este género. Pero de nuevo, es la persona que se percibe tras la obra (¡por lo menos el autor implícito!) la que le da una fuerza especial. Es verdad que este diccionario no suplirá los ya existentes o los nuevos por venir, ya que seguirá siendo necesario ese enfoque más impersonal y técnico. Pero no es menos cierto que, tras una lectura atenta de varias de sus entradas (¡confieso que no las he leído todas todavía!), me queda la sensación de que también necesitaré consultar este diccionario para llevar mis búsquedas un punto más allá de lo que me ofrecen la mayor parte de diccionarios.

Para acabar, dos cuestiones muy puntuales, una sobre bibliografía y otra sobre erratas. Pikaza se ha esforzado por recopilar bibliografía en castellano, lo cual es de agradecer. Uno está tan acostumbrado a buscar literatura académica en otras lenguas, que a veces hasta descuida lo que se publica en nuestra lengua. Lamentablemente, debido a la escasez de títulos especializados tiene que recurrir a obras genéricas o comentarios, sin citar siquiera la parte concernida. Respecto de las erratas, sospecho que no son pocas. Ya en la primera entrada, «Aarón», sistemáticamente se cita a Ben Sira con la abreviatura usual para Qohélet (Eclesiastés), o sea, Qoh. Por ejemplo, Qoh 44-50 y Qoh 45,23-26, a pesar de que Qohélet sólo tiene doce capítulos. Y hay más, pero no vale la pena señalarlas aquí. Erratas y bibliografía denotan la necesidad de un equipo de apoyo más amplio que revise la obra para subsanar estos fallos tan habituales en cualquier obra.

 

 
 
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