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  Justo L. González
Hechos
Serie «Conozca su Biblia» ( Minneapolis: AugsburgFortress, 2006) 179 páginas

Nº 31, Vol. 2, Año 2008 — RECENSIÓN por Marcos Abbott

Justo L. González, editor de la serie «Conozca su Biblia», nos ofrece un libro ejemplar de la serie que pretende ofrecer una guía para acompañar la lectura bíblica de un público popular. La serie “invita a pensar y creer” (p. I), y este comentario sobre el libro de los Hechos debería leerse teniendoal lado el texto bíblico.

González nos frece una presentación a vista de pájaro de Hechos, abarcando las grandes secciones clásicas en sus nueve capítulos. Después de la ascensión de Jesús y la efusión del Espíritu (cap. 1-2), se centra en la iglesia de Jerusalén (3-7). Luego el Evangelio se extiende más allá de Jerusalén (8,1-12,24), lo que prepara el terreno para los tres viajes de Pablo (12,25-14,28; 15,36-18.22; 18,23-20,38), interrumpidos por el “concilio” de Jerusalén (15,1-35). Termina su comentario con el encarcelamiento y juicio de Pablo (21-26) y su viaje a Roma (27-28).

González cree que el tema central del libro es “la presencia del Espíritu en la comunidad de los fieles, y cómo el Espíritu apoya, corrige y fortalece la obra de los creyentes” (p. 8). Partiendo de esta base, afirma que se puede leer e interpretar el libro de dos maneras diferentes: o bien se lee como un manual de disciplina --una serie de reglas--, o bien como testimonio de la acción del Espíritu en la iglesia. González dirige repetidamente la atención del lector a estas dos opciones y comenta cómo se aplica a un pasaje particular. El autor opta por la segunda opción. No cree que Hechos debiera usarse como un manual de disciplina; al contrario, ilustra cómo los creyentes pueden seguir la guía del Espíritu.

Aunque el libro está diseñado para un público popular, no es un comentario puramente devocional ni una lectura “espiritualizada”. González muestra un conocimiento de los temas históricos, literarios y teológicos abordados por los especialistas de Hechos. De hecho, encamina al lector hacia el contexto histórico-social, que se convierte en el enfoque metodológico principal del comentario. Tras la mayoría de los encabezamientos el autor menciona alguna de estas cuestiones, aunque sea de forma sucinta. Por ejemplo, explica brevemente las diferencias entre los fariseos y los saduceos (p. 26), y recuerda al lector que el Templo ya no existía cuando Hechos fue escrito (p. 27). En el pasaje sobre la distribución a las viudas (Hechos 6) menciona la palabra griega diakonía y explica cómo funciona y cuál debe ser el trasfondo para la diaconía hoy en día.

El autor presta atención a las corrientes actuales en el seno de la iglesia y llama la atención sobre la relevancia de Hechos con relación a éstas. Este es, por tanto, el segundo pilar de su metodología, esto es, la orientación a la relevancia contemporánea. Cuando Pedro sana al cojo frente al templo (capítulo 3), comenta González que la ayuda a los necesitados no debería ser “una especie de «anzuelo» para que crean” (p.23). La caridad se ofrece por amor a la persona y no como un instrumento de manipulación. Además, observa que el cojo no se salva debido a su propia fe sino por la fe de Pedro, que contrasta con quienes hoy día exigen que el enfermo tenga fe para su curación, y en determinados casos hasta acusan de falta de fe para explicar la enfermedad misma.

En el relato sobre Priscila y Aquila en Éfeso, destaca que la mención de la mujer primero es importante y va en contra de la costumbre. Hace hincapié en el hecho de que Priscila ofrece “el caso de una mujer que enseña teología” (p. 122). Esto obviamente responde a la situación en algunas confesiones que prohíben tal protagonismo de la mujer.

Hechos contiene algunas declaraciones fuertes contra los judíos. González no quiere con ello dar lugar a un antisemitismo. En la defensa de Pablo ante Festo afirma que Pablo no ha salido del judaísmo. Dios no ha rechazado a Israel y optado por la iglesia gentil. Al contrario, los gentiles en el Evangelio son incluidos en la esperanza de Israel: “los gentiles pueden ser parte de la herencia de Israel” (p. 160).

Hay que valorar este libro desde la perspectiva del público que el autor tiene en mente. A nivel popular, Hechos se muestra útil para guiar a lectores con poca experiencia en la ubicación histórico-social del texto bíblico. Además, nos da pistas para enlazar los temas del texto con la actualidad de la iglesia local, todo esto sin agobiar con excesivo detalle. Es una buena introducción al texto y será muy útil en las comunidades locales.

Cabe mencionar que sobre los Hechos Justo González ha publicado otro comentario en la colección Comentario Bíblico Iberoamericano (Buenos Aires: Ediciones Kairos, 2000). Se trata de un comentario más extenso (444 páginas) y detallado que presenta una exégesis más depurada y que está pensado para pastores y líderes con más trasfondo en el estudio bíblico. La erudición de este libro respalda al nuevo comentario. No sería mala idea que quien dirija un grupo de estudio bíblico con el libro reseñado, hiciera también uso de esta otra obra mayor como recurso personal de apoyo.

 

 
 
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