información matricularme programas recursos donaciones contactar
       
  Buscador
de artículos

ENCUENTRO

Separata

Varios

Recensiones

Sermones

Buscador
de sermones

 

 

  Nº 1, Vol. 2, Año 1997

Reflexiones litúrgicas
por Juan Larios

Tomamos en este número una de las perspectivas indicadas en el número anterior por Rogelio Prieto, el "Tiempo Litúrgico" y el texto de Rom 12:2a " ... no os conforméis a este mundo, sino transformaos por medios de la renovación de vuestro entendimiento".

Hablar de "tiempos litúrgicos", o de simplemente de liturgia, a menudo suscita cierta incomodidad o rechazo en un ambplio sector del cristianismo evangélico español. Esta actitud quizás esté fundamentada bien en la ignorancia o bien en la creencia de que con ella se oscurece la visión de lo esencial y se aparta al creyente de su decisión personal (adoracion, alabanza, etc ... surgida del corazón). Pero por otro lado, y dicho sea de paso, esta creencia también nos puede hacer correr el riesgo de destruir la dimensión y acción comunitaria en su expresión de la fe.

Al igual que el antiguo Israel, la Iglesia también estructuró el tiempo en diferentes períodos o tiempos litúrgicos, y este concepto del tiempo (año cristiano o año litúrgico), esta estructuración temporal no fue algo que se hizo por capricho. Es el resultado de un continuo caminar que ya tenía su origen en la misma Escritura. Esta estructura del tiempo es la expresión simbólica y profética de la acción salvífica de Dios y manifestación de la esperanza en el Reino venidero. Por tanto, cada período, cada tiempo (el Adviento-Navidad y la Pascua entre los principales), tiene su significado y su proyección profético-escatológica en la comunidad de fe y aún debiera tenerlo en el mundo. Cada tiempo o período lleva intrínseca una lectura de nuestra vida pública y privada que nos exige la reflexión-acción profunda y continua de nuestro quehacer cotidiano, tanto corporativamente (comunidad) como individualmente.

Hablar de liturgia o tiempos litúrgicos no es hablar de determinadas "formas" de hacer culto, más o menos tradicionales, complejas o sencillas. Hablar de tiempos litúrgicos implica algo mucho más profundo, implica a nuestra propia vivencia como creyentes, y esto en dos direcciones básicas: nuestra familia y nuestra proyección como comunidad de fe en su entorno concreto (barrio, ciudad, ...).

Sería un terrible error reducir la vivencia de los tiempos litúrgicos al estrecho marco arquitectónico y cronológico de la celebración dominical. Quizá una de las causas por las que se introdujeron en el culto cristiano ciertas ceremonias carentes de sentido, y otras cristianas fueron paganizadas, fuera el abandono de la práctica de las fechas del año cristiano.

Es, por tanto, necesario liberar de la superficialidad a nuestra vivencia de los tiempos litúrgicos, para que puedan así llegar a marcar nuestro quehacer diario. Es necesario que nos preguntemos por el significado de los tiempos litúrgicos tanto para mí mismo como para la comunidad. En este cuestionamiento, hay que tener en cuenta que estamos inmersos en un entorno socio-cultural, del cual formamos parte, que posee y practica su propia "liturgia" ejercitada cada día del año, con sus expresiones, sus costumbres, sus símbolos y sus tiempos. Por ejemplo, trabajamos once meses y descansamos uno (aunque algunos privilegiados trabajen uno y descansen once, pero no es lo normal, o quizá empiece a serlo ... no sé). Todo ello constituye una "liturgia existencial" (Moltmann) que, en lo esencial, yo diría que es antagónica a nuestra vocación. No es, por tanto, de extrañar que Pablo nos exhorte a "no conformarnos a las exigencias de este mundo" sino "transformémonos por medio de la renovación del entendimiento". El entendimiento humano está muy apegado a los hábitos diarios, las costumbres, los símbolos, y los ritmos de los tiempos sociales. Pues bien, profundizar la calidad de la experiencia personal y comunitaria en los tiempos litúrgicos supone trastocar todos estos ritmos y hábitos meramente sociales por otros llenos de significación cristiana, e.d., de la gratuidad de la que surgen la fe, la esperanza y el amor. Dios no hace nada a saltos, no improvisa, y por ello ha actuado en la historia intercalando ("encarnando") su propio tiempo, tiempo estructurado en "tiempos" concretos y visibles, e.d., "experienciables" por los hombres y mujeres de cada siglo. Tiempo que nos debe marcar el camino diario en nuestra peregrinación hacia el tiempo perfecto, liberándonos de la esclavización de los imperativos del sistema socio-cultural, político y económico en el que nos desenvolvemos.

No despreciemos el valor de los tiempos litúrgicos por una comprensión errónea que asocia lo espiritual con la espontaneidad, pero que en realidad no es más que la expresión del individualismo feroz que nuestra sociedad promueve no desinteresadamente.

 

 
 
© 2000-2008 Seminario Evangélico Unido de Teología | Apdo 7 - 28280 El Escorial - España
Fundación Federico Fliedner