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Nº 3, Vol. 1, Año 1997
Reflexiones litúrgicas
por Rogelio Prieto

Los tiempos litúrgicos en familia

Hay iglesias evangélicas en las que no se celebra la Navidad. Simplemente son coherentes con su rechazo del ‘año litúrgico’ ...hasta cierto punto. La mayoría de sus miembros siguen celebrándola en familia, pero sin renovar esa celebración desde una perspectiva evangélica.

La monotonía mata. Todas las personas, y las iglesias, celebran tiempos especiales. La ventaja evidente de observar el año cristiano es que se establece un ritmo de conmemoración y celebración anual de todos los aspectos básicos de la fe, en vez de estar a la merced de la repetición más o menos disimulada del tema o temas favoritos de los predicadores locales, a la vez que se crea un clima de expectación que prepara para la asimilación de los hechos fundamentales de nuestra fe.

Lo que es cierto de los adultos, es aún más cierto, si cabe, de los niños. En nuestra familia hemos ido estableciendo, desde hace más de diez años, una serie de ‘tradiciones familiares’ relacionadas con el año litúrgico que hemos encontrado muy útiles.

En noviembre ya comienza el bombardeo televisivo de anuncios de juguetes sobre los niños. En casa se puede crear un ambiente alternativo de expectación de la Navidad con la ‘corona de Adviento’. Se trata de la conocida tradición luterana de una corona con cuatro velas, una para cada domingo de Adviento, más una central para el día de Navidad. El domingo por la mañana, antes del desayuno, uno de los niños enciende la vela correspondiente diciendo : "Encendemos esta vela para recordar que...", otro lee unos versículos relacionados con el tema del día y el padre o la madre termina con una breve oración. Los temas tradicionales de los cuatro domingos son : la esperanza de la venida de Jesús (y su segunda venida), la Palabra en el Antiguo Testamento, el precursor (Juan el Bautista) y la anunciación a María. El día de Navidad se puede desayunar una tarta de cumpleaños, cantándole a Jesús el "Cumpleaños feliz". También el "Belén" puede ser una valiosa ilustración visual del misterio de la Encarnación.

El primer día de Cuaresma se pueden hacer tortitas y comentar las tentaciones de Jesús en el desierto. La vida cristiana es una lucha constante sustentada por la palabra de Dios. El mismo Carnaval se puede así contextualizar contrastando el juego de las apariencias de nuestra sociedad con la realidad de la vida, y sobre todo de la vida en Cristo.

Semana Santa es un buen momento para salir al campo y recoger musgo y piedrecitas para hacer una escena del Gólgota y la tumba, con cruces y figuritas hechas por los niños y una tumba cerrada, cuya piedra abre el más pequeño de la familia el Domingo tras leer juntos el relato de la Resurrección. "Cristo ha resucitado : ¡Si, verdaderamente ha resucitado !"

El día de la Ascensión se puede celebrar con una tarta rodeada de una gran corona dorada, leyendo el relato en las Escrituras y dando gracias a Dios juntos porque Jesús reina y es nuestro gran y único Mediador.

El día de Pentecostés, además de la lectura de la venida del Espíritu sobre los apóstoles, se puede celebrar con doce galletas caseras decoradas como caras y doce ‘llamas de fuego’ hechas de azúcar. Los niños ponen las llamas sobre los apóstoles. El desayuno es ‘apostólico’...

Muchos maestros de Escuela Dominical han experimentado que los niños asimilan mejor lo que se les enseña no sólo por el oído, sino también haciendo uso de los otros sentidos. Esto es cierto también de los adultos. En nuestro empeño evangélico por enfatizar la palabra caemos en el peligro de confundirla con ‘sólo palabras’. Pero pocas de las cosas que se nos quedan grabadas para siempre en el corazón son meras palabras.

La palabra de Dios nos llama a una renovación constante de nuestras mentes y nuestros corazones. Esas cosas que nos quedan para siempre grabadas son las que van conformando nuestros hábitos mentales, es decir, nuestra libertad o nuestras ataduras. Necesitamos, por tanto, volver a recuperar el concepto de disciplina espiritual. Ahora bien, la ‘disciplina’ no es un concepto popular en la formación de los niños, ni de los adultos. Preferimos la ‘espontaneidad’, supuestamente como la más alta y clara expresión de la libertad cristiana, pero voluntariamente ignorando que la improvisación (aunque la disfracemos de espontaneidad o libertad) sólo es un síntoma de desidia y falta de compromiso, y que lo espiritual no nos surge ‘espontáneamente’ del corazón. La disciplina del año cristiano surgió en germen muy pronto en la vida de la iglesia y fue madurando con el paso del tiempo, no con ánimo de establecer normas externas a la vida espiritual de los cristianos, para sofocarla, sino como una herramienta que libremente asumida nos sirve para mantener constantemente ante nuestros ojos ‘todo el consejo de Dios’ y nos ayuda a sumergirnos en él y vivir en él.

Una de las ventajas de la posmodernidad en que va entrando nuestra sociedad es el resurgimiento de la búsqueda de nuevas experiencias espirituales, aun entre los cristianos. Cuando esa búsqueda se da sin puntos de referencia sólidos los resultados pueden ser excitantes pero también atenazadores. El año cristiano, con sus sólidas raíces bíblicas, es el resultado de la búsqueda del Espíritu de Dios en el desarrollo de una disciplina escritural, por parte de muchos creyentes que nos precedieron en la fe. No es un dogma de fe, ni corremos el riesgo de que llegue a serlo. Nuestro riesgo es más bien el de dogmáticamente dejar de lado ese tesoro espiritual, que también es fruto de la obra del Espíritu Santo en su iglesia a través de los siglos, por reacción al mal uso que otros hayan podido hacer de él y sin llegar a examinarlo para al menos descubrir cuanto de él puede ser valioso en la iglesia, aquí y ahora.

Demasiados niños en las Escuelas Dominicales evangélicas ven como, domingo tras domingo, se les repiten las bases del evangelio. Demasiados creyentes adultos salen de nuestras iglesias con una nueva serie de versículos para arropar la predicación de siempre, o con una nueva llamada a la conversión, pero preguntándose en el fondo ¿convertirme en qué ?

El leccionario del año litúrgico, al igual que la predicación expositiva consecutiva (que no son mutuamente exclusivas) obligan al predicador a enfrentarse a temas que no conocía bien o no eran sus favoritos. Si además esos temas los vamos presentando a nuestros hijos y nuestras congregaciones con la ayuda de elementos simbólicos, contribuiremos más establemente a la formación de mentalidades con sólidos anclajes cristianos.

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