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Nº 3, Vol. 1, Año 1997
Un ejemplo de crítica textual por Pedro López
Cualquiera que hace un estudio serio de un pasaje bíblico determinado, comparando diferentes versiones y sin conocer los idiomas bíblicos, puede encontrarse con difíciles e interesantes cuestiones. Pongamos como ejemplo el texto de la primera epístola de Juan 5:7-8. La RV del 60 escribe "(7)Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. (8) Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan". La RV del 95 no hace cambio alguno pero incluye una nota sobre la última parte del verso 7 y principio del 8, que nos dice que en diversos manuscritos no aparecen estas palabras. La Biblia de Jerusalén lee: "(7)Pues tres son los que dan testimonio (8) el Espíritu, el agua y la sangre, y los tres convienen en lo mismo" y se nos explica que, otra vez, en los manuscritos griegos más antiguos el texto que nos falta no figura, y además, "que parece una glosa marginal introducida tardíamente en el texto". Estos hallazgos no son poco usuales, aunque hay que decir que en muchos de los casos las variaciones, adiciones o cambios no alteran grandemente el contenido original del texto. ¡Ya volveremos a esto más adelante! Pero ¿qué hacemos con estas variaciones?, ¿cómo debemos entender estas adiciones? y ¿qué nos dicen en cuanto a la estabilidad del texto. Con esta serie de estudios de algunas de estas variantes textuales, mi pretensión no es la de cuestionar el texto bíblico sino más bien lo contrario, fortalecerlo con el correcto entendimiento de todas estas notas que señalan al texto original.
El campo que se encarga de establecer el texto original es el de la Crítica Textual, el cual realiza su labor por medio de unos postulados metodológicos aplicados al estudio de la evidencia manuscrita. Uno de mis propósitos es presentar estos procedimientos y su utilidad a los que, por cualquier razón, no puedan acceder a los idiomas bíblicos, y ayudarles a trabajar con la evidencia extraída a poartir de algunas versiones. No solamente para entender cual era ese texto original (que es específicamente el objetivo de la Critica Textual), sino también para entender esos cambios en el contexto de la historia de la Iglesia y encontrarles alguna utilidad.
Volvamos al pasaje con el que hemos comenzado esta serie (1 Jn 5:7-8). La cuestión que se nos plantea tiene que ver con la mención tan directa en cuanto a la doctrina Trinidad. Quizás, en principio, suponga un problema para quien acaba de comenzar el estudio de este pasaje, encontrarse con el hecho de que la lectura de la RV no sea original.
Leamos primero el pasaje sin la adición, y notaremos que todo está en total armonía con lo que se nos intenta comunicar en el contexto: los vocablos "agua", "sangre" y "Espíritu" son unos motivos constantes de esta sección; es más, si observamos el desarrollo del argumento de Juan no es la defensa de la Trinidad lo que argumenta, sino que su argumento es más bien cristocéntrico argumentando la humanidad y divinidad de Cristo y las pruebas de ambas.
Si lo leemos con el material añadido, en realidad aparecen discordancias con la lógica del argumento: el Verbo dando testimonio de sí mismo en el cielo (uno se podría preguntar para qué), el Espíritu dando testimonio de la divinidad y humanidad de Jesús, tamibén en el cielo ... Parece que, efectivamente, rompe el flujo del argumento puramente cristológico.
En cuanto a la evidencia manuscrita, hallamos que los manuscritos griegos más antiguos que abarcan este pasaje joáneo de los que tenemos constancia, son del siglo IV y V y de buena calidad. Éstos no contienen la adición. Por contra, la adición "en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio" es tan tardía como el siglo X en manuscritos griegos y más tempranas que estos en un manuscrito latino del siglo IV d.C. Toda la evidencia en griego con la excepción de unos cuatro manuscritos carecen de esta adición. Podemos decir con bastante certidumbre que el original carecía de éstas. Es más, en la mayoría de los cuatro manuscritos griego, consta la adición como una nota al margen (lo que la Biblia de Jerusalén anotaba). Por la cantidad de manuscritos en los que figura de esta forma, se puede decir que probablemente esta variante se originó como una nota marginal que en el proceso de la transmisión textual fue incorporada al texto de la epístola (probablemente traducida del latín al griego). Aún más, la ausencia de mención de este pasaje por los Padres de la Iglesia es definitivamente importante; sin lugar a dudas lo hubieran utilizado contra las herejías de Sabelio y Arrio, quienes cuestionaban la Trinidad. Finalmente, entre otras consideraciones, esta adición se encuentra ausente de cualquiera de las otras traducciones antiguas del Nuevo Testamento.
Ahora que hemos tratado, aunque de forma somera, el origen de esta adición, debemos tratar de entender la razón de su adición. Como la inclusión más antigua de esta cita figura en latín, podemos asumir que su origen se encuentra en esta traducción, y que posteriormente, quizás en forma de nota marginal inicialmente, fue incluida en algunos manuscritos griegos (cuatro en total). Quizás surgió como una nota Trinitaria dentro de este pasaje, pues éste podría evocar tal doctrina, y por ello algún copista glosó su posible interpretación trinitaria, seguramente en algún momento álgido de las luchas teológicas sobre la Trinidad.
Concluyo pues que el pasaje no es trinitario y que tal adición, además de romper la dinámica del argumento cristocéntrico, o más bien apartarnos de él, fue una adición a la que probablemente no debamos dar mayor importancia que la de la mera curiosidad.
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