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Serie: Los Salmos (iii)
por Pedro Zamora
Texto: Salmo 23
Este salmo es, quizás, el más conocido por todos los creyentes protestantes de todo el mundo occidental (del resto no tengo ni idea). Los creyentes lo recitan como expresión de confianza, y de hecho es utilizado con frecuencia en los funerales de los seres queridos como proclamación de nuestra absoluta confianza (y de la del finado) en la vida verdadera, o sea, eterna. Con toda seguridad, a esto último ha contribuído la tradición que traduce la forma verbal shabati, que literalmente significa "volveré", por un sentido más significativo "volveré y moraré" requerido por la expresión "por largos días".
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NOTAS SOBRE LAS IMÁGENES
El Salmo 23 es archiconocido, pero por ello mismo archisimplificado en la memoria popular. Es el Salmo del Pastor, imagen evocada por casi todo creyente que recita este salmo de memoria, pero pocos recuerdan que también es el salmo del anfitrión a partir del v.5, por lo que dos son las imágenes principales de esta pieza. Por otro lado, desde las culturas más o menos urbanas se ha tendido a "bucolizar" la imagen pastoril del salmo, ya que añoramos profundamente la vida abierta de los campos y los pastos, olvidando su dureza. Cierto, el salmo habla de "valle de sombras de muerte" que pueden atemorizarnos, pero ello no debe hacer olvidar que la dulce imagen del pastor, en la realidad, no era tan dulce pues su "vara y cayado" no eran simples ornamentos en sus manos, sino instrumentos de guía que eran utilizados sin vacilación cuando las torpes ovejas tenían que ser forzadas en una dirección determinada. Aun así, lo cierto es que sí pueden "infundir aliento", como traduce la RV-60, ya que la mano firme suele dar más confianza que la débil y vacilante. Por otro lado, la imagen del huésped no es completamente ajena a la pastoril. El trasfondo sigue siendo la estepa, esa zona semidesértica en la que un individuo sólo puede fácilmente perecer, de manera que el derecho de hospitalidad entre los distintos grupos seminómadas (pastores) se hizo fundamental. De esta forma, un perseguido acogido por un grupo de pastores recibía también su protección, lo cual era suficiente disuasión para sus perseguidores que le veían ahora acogido ("aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores").
Curiosamente, el Señor es el pastor que guía a lo largo del camino, y también el anfitrión que nos recibe y refresca a nuestra llegada.
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Lo interesante de las imágenes que acabamos de ver, es que no tienen nada de bucólicas ni de dulzonas. La vida real, la de "la calle" (o la de la estepa para el pastor), es una vida dura. Sin duda, en nuestro mundo moderno, y particularmente en el urbano, tratamos de "endulzar" la dureza, o más bien tratamos de sedarnos con todo tipo de drogas (y las más de las veces no precisamente con drogas químicas), pero la realidad siempre se acaba imponiendo y cuanto antes sepamos admitirla, mejor. Si me gusta la imagen del pastor aquí, es porque a pesar de la dureza de "la calle" (la estepa) se encuentra un punto de guía y confianza en una persona, en el pastor. Seguramente, así es en la vida: los momentos difíciles son inevitables, pero se encuentra ayuda y consuelo en alguna persona. Con mayor razón, por tanto, la ayuda nos vendrá del Señor.
Creo que ya es un tópico el decir que la cercanía con el Señor es particularmente cierta en los momentos difíciles, y de tanto afirmarlo buscando consolar a quienes sufren, hemos conseguido banalizar esta afirmación. Pero el creyente actual, que vive rodeado de muchas comodidades que tiene ya asumidas y de las que a penas es consciente, puede también fácilmente ser una víctima más de la "sedación univeral" a la que se nos somete (y nos sometemos) mediante los medios de comunicación, drogas medicinales (y no medicinales) necesarias e innecesarias, y un largo etcétera, perdiendo así "conciencia de estepa", y perdiendo por tanto esa cercanía con Dios, que es también dependencia real de Dios.
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NOTAS SOBRE EL CONTEXTO
Ha sido propuesto que este salmo era una "acción de gracias" (todá en hebreo) ofrecida en el Templo en agradecimiento a la declaración pública de justicia de un inocente que había sido injustamente perseguido. Es incluso posible pensar que esta pieza sería recitada o cantada en el contexto de un banquete sacrificial. Sin duda, las imágenes anteriormente expuestas encajarían perfectamente en este contexto.
Algunos autores, fijándose más en los elementos de viaje, sitúan el salmo en el contexto de las peregrinaciones a Jerusalén en tiempos de festividades solemnes (o incluso en el momento de la peregrinación de partida y de retorno a casa). Como quiera que sea, lo cierto es que el salmo tiene un profundo nivel simbólico que es capaz de abarcar imágenes de la realidad muy diversas, de manera que prácticamente todas ellas tienen un alto grado de plausibilidad.
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Una de las ventajas claras de la vida en la estepa, sin querer idealizarla, es que se establece una distinción precisa entre el día a día, generalmente duro, y la celebración o la fiesta, de manera que cada momento es asumido en su justa medida. Si además ha habido una amenaza provocada por persecución injusta, con mayor razón se da esa diáfana distinción entre cotidianeidad y fiesta.
La fiesta, de todas formas, no era tan sólo una celebración gratificante necesaria tras la dureza extrema de la itinerancia pastoril. En nuestro caso, hemos visto que podía tratarse de una fiesta de acogida al perseguido, cumpliendo así con la obligación a la hospitalidad. En esta acogida hospitalaria, no existía condición alguna: en principio y por principio, cualquier individuo debía ser asistido, fuera cual fuera su condición. De esta forma, la fiesta se constituía en un "espacio de justicia", es decir, en un espacio en el que todos eran iguales, y donde se cumplían, por así decirlo, la afirmación de Jesús que "los últimos serán los primeros". Es por este motivo que la inversión de valores recogida en las bienaventuranzas, tiene mucho que ver con la realidad de la "fiesta". Y de ahí que el culto cristiano no sólo deba reflejar la alegría de la liberación, sino esta inversión de valores, anunciando en sus celebraciones lo que será la inversión escatológica que el Señor realizará en los últimos días.
QUESTIONES A PROFUNDIZAR O DEBATIR
1. Proclamar nuestra confianza en la guía pastoral del Señor, es a la vez incitar al atrevimiento, es decir, al peregrinaje y la itinerancia. De lo contrario, la proclamación está vacía de contenido. ¿Es esto cierto o no?
2. El culto cristiano evangélico se ha convertido en la "celebración de los iniciados" que excluye al resto que no maneja nuestro lenguaje. ¿Es esto así? ¿Debe ser así?
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