|
|
El diálogo de Job(1) por Pedro Zamora
La historia de Job es una de las más famosas de la Biblia, pero a la vez el libro de Job es casi desconocido. Todos conocemos el prólogo y epílogo del libro (caps. 1-2; 42), pero ignoramos los 39 capítulos que hay entre ambos. Es en estos 39 capítulos en los que quisiera centrar mi atención en este artículo, especialmente en el "mano a mano" entre Elifaz y Job. Por cierto, me será imposible entrar en detalles, pero sugiero que el lector lea cada uno de los capítulos del dialogo Job-Elifaz, y no se conforme con las pocas citas que puedo comentar aquí. Además, le recomiendo que utilice la versión Reina-Valera por su literalismo, y alguna otra mas dinámica como la Nueva Biblia Española o Dios Habla Hoy.
Una de los motivos por los que descuidamos estos capítulos, es que su lecturase hace aburrida. Están tan cargados de imágenes poéticas antiguas que ya no entendemos, que nos cuesta avanzar en la lectura. También se nos hace difícil ver que se trata de un verdadero diálogo que va avanzando según un argumento abierto, sólo determinado por la intervención y los planteamientos de cada participante. De hecho, muchos críticos creen que en realidad estos capítulos son una colección de discursos sapienciales (amigos de Job) y lamentos (Job) puestos juntos en forma de diálogo por un editor. Yo quisiera, sin embargo, hacer ver al lector que el autor de la obra la concibió como un verdadero diálogo, un diálogo que pretende captar al lector, y que trata de forzar al lector, por medio de la vivacidad y fuerza de la dialéctica, a la toma de postura, o de partido: o Job, o sus amigos.
El prólogo concluye con Job y sus tres amigos cumpliendo con las convenciones rituales de la época en los casos de duelo (2:13), y apunta, según estudios comparados, a la posibilidad de que Dios pudiera manifestarse ante Job (posiblemente en sueños) para consolarle y darle promesas para el futuro, es decir, para asegurarle su favor. En otras palabras, Job y sus amigos tenían la esperanza de que Dios se le manifestaría en circunstancias tan duras. Pero nada ocurre tras siete días (número importante en los ritos religiosos antiguos), y este silencio divino provoca la reacción desesperada de Job: " Por qué se da vida al hombre que no sabe por dónde ha de ir, y a quien Dios ha encerrado?" (3:23). Es ésta una pregunta que incomoda a las personas de fe. Es como si quien la pronunciara hubiera perdido toda esperanza y confianza. Y seguramente es así, de ahí la incomodidad del creyente Elifaz que, sabiendo que sería mejor guardar silencio, no puede resistirlo y responde: "Si probáramos a hablarte, te será molesto, peroquién podrá detener las palabras?" (4:2) y va directo a ofrecer una "solución" a Job: "recapacita ahora" (4:7, literalmente "recuerda!"), o sea, repasa lo ocurrido en el pasado a ver si puedes extraer alguna "ley" o "principio" que te pueda sostener en esta circunstancia. Cuando la realidad "se tuerce" hay que enderezarla con principios teóricos, pues sólo la teoría puede ser una recta perfecta.
Aunque últimamente los críticos la tienen tomada con los amigos de Job como Elifaz, a quienes acusan de defender una teología tradicional (denominada "justicia retributiva" que no significa otra cosa más que Dios da a cada uno según sus acciones), lo cierto es que Elifaz tiene razón.)Acaso no es verdadero el principio de Fe que extrae: "Ciertamente yo buscaría a Dios, y encomendaría a él mi causa.... porque él es quien hace la llaga, y él la vendará; él hiere, y sus manos curan ... De la destrucción y del hambre te reirás, y no temerás de las fieras del campo" (5:8,18,22)? Pero el pobre Job no está para ver las cosas claras y rectas: "(Cuán eficaces son las palabras rectas!" (6:25a) dice con ironía, y añade: ")Pensáis censurar palabras, y los discursos de un desesperado, que son como el viento?" (6:26). Al menos Job reconoce que su situación no le deja ver claro porque se ve empujado por fuerzas que no puede controlar. Tan es así, que esas fuerzas le llevan incluso a ironizar sobre las Escrituras: ")Qué es el hombre para que lo engrandezcas, ... y lo visites todas las mañanas, y todos los momentos lo pruebes?Hasta cuándo no apartarás de mí tu mirada? ..." (Job 7:17-19). El texto en el que Job se basa ya estaba siendo "sacralizado"en la época en la que fue escrito el libro de Job. Me refiero al Salmo 8:4 (véase también 144:3).
Tengo la impresión de que Elifaz tiene toda la razón, y su situación le permite ser más objetivo. Sin embargo, creo que en el fragor del debate los papeles se van cambiando poco a poco: el que no ve claro, cada vez es más lúcido, y el que se aferra a principios nítidos y verdaderos, al final acaba perdiendo toda razón. Curioso, )verdad?En efecto, Elifaz, que comenzó afirmando la inocencia de Job cuando le dijo: " )No es tu temor a Dios tu confianza?,)no es tu esperanza la integridad de tus caminos?" (4:6) irá aumentando su agresividad contra Job: "tu boca declaró tu iniquidad, pues has escogido el hablar de los astutos. Tu boca te condenará, y no yo" (15:5s). En realidad le puedo entender, pues Job es exasperante, ya que espeta cosas (en un ambiguo "tú" dirigido contra Dios o contra Elifaz) como la siguiente: "tú me has fatigado; has asolado toda mi compañía. Tú me has llenado de arrugas; testigo es mi flacura" (16:6s). Aunque para alguien como Elifaz debía resultar más ofensivo el tono burlón de 17:1-4: "Mi aliento se agota, se acortan mis días ... Dame fianza, oh Dios; sea mi protección cerca de ti, porque )quién querría responder por mí? Porque a éstos [Elifaz y cia.] has escondido de su corazón la inteligencia".)Puede el lector apreciar el tono piadoso de plegaria utilizado por Job, para acabar burlándose de sus amigos? Es como cuando alguien se ríe de nuestras expresiones de Fe o de piedad.Resulta realmente insultante.
Ante este Job, Elifaz realmente parece perder los papeles: al final los principios irán cediendo lugar a las acusaciones personales: "Por cierto tu malicia es grande ... porque sacaste prenda a tus hermanos sin causa, y despojaste de sus ropas a los desnudos ..." (22:5ss). Job, por el contrario, parece ir percibiendo cada vez con más claridad cual es el verdadero problema. El problema no es si él es pecador o no, si ha cometido injusticias o no, el problema es una instancia mayor, esa que permite que todo ello suceda. El problema apunta a Dios mismo: " ... quitan el pecho a los huérfanos ... al desnudo hacen andar sin vestido ... Desde la ciudad gimen los moribundos, y claman las almas de los heridos de muerte, pero Dios no atiende su oración" (24:9-12). En otras palabras,a Dios no le importa lo que hace el pecador, y menos aún lo que le ocurra al inocente. Job concluye su respuesta a Elifaz con estas palabras contundentes: ")quién me desmentirá ahora, o reducirá a nada mis palabras?" (24:25). Bildad parece intentarlo, pero se queda corto (sólo 6 versos). Parece que Job ha vencido, y ha acallado a sus amigos y a sus principios verdaderos (que lo siguen siendo como el mismo Job demuestra al recogerlos en algunos de sus discursos (cap 26, por ejemplo).
Pero esta victoria en el diálogo no le da ninguna alegría. Por el contrario, aún le deja más solo y perplejo. Job tiene que confesar que se halla en la más completa oscuridad (cap 28). Es quizás este sentimiento de oscuridad total el que le lleva a comparar la ausencia de sabiduría (o de sentido, sin entrar en la cuestión de si "Sabiduría" es aquí una personificación) con la búsqueda de metales preciosos que conduce a un impresionante esfuerzo de ingeniería, aunque éste, a diferencia del anterior, se ve recompensado: "Abren minas lejos de lo habitado, en lugares olvidados, donde el pie no pasa.... En el pedernal puso su mano, y trastornó de raíz los montes. De los peñascos cortó ríos, y sus ojos vieron todo lo preciado .. e hizo salir a la luz lo escondido" (28:4,9-11). Pero la Sabiduría, la Verdad, el Sentido, se muestran mucho más esquivos que los metales preciosos: ")De dónde, pues, vendrá la sabiduría? ... porque encubierta está a los ojos de todo viviente, y a toda ave del cielo es oculta" (28:12.20s). También aquí Job apela a esa instancia superior y última que es Dios: "Dios entiende el camino de ella, y conoce su lugar, porque él mira hasta los fines de la tierra, y ve cuanto hay debajo de los cielos ..." (28:23s). Lo malo es que Dios está muy lejos, está en una posición distante, privilegiada y única. Sólo él puede poner "ley a la lluvia, y camino al relámpago de los truenos" (28:26). Es por este motivo que sólo él puede ser responsable del Sentido o Significado de la vida. Dios es su creador: "la preparó y la descubrió también. Y dijo al hombre: he aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia".
Estas últimas palabras desconciertan a cualquiera.)A qué viene Job ahora con el temor del Señor? Aunque podría tratarse del añadido de un editor, me inclino por pensar que es el último sarcasmo de Job, quien va a repasar su vida (caps. 29-31) vivida en el principio del temor al Señor (como nos recuerda el prólogo: "hombre ... temeroso de Dios, y apartado del mal" (1:1), principio también recogido en los textos sagrados (cf. Sal 111:10; Prov 1:7; 9:10). Ahora repasará su vida en serio, con mezcla de melancolía (")Quién me volviese como en los meses pasados, como en los días en que Dios me guardaba ...?" -29:2), asombro ("Decía yo: en mi nido moriré, y como arena multiplicaré mis días" -29:18), e introspección ("Si anduve con mentira, y si mi pie se apresuró a engaño, péseme Dios en balanzas de justicia, y conocerá mi integridad" -31:5s), todo ello entremezclado con el lamento por su estado actual ("Y ahora yo soy objeto de ... burla,.. y sirvo de refrán" -30:9). Job acaba solemne, pues no está ya para ironías, y sus últimas palabras son tremendas, tanto por el contenido como por la fuerza de la imagen: "Si mi tierra clama contra mí, y lloran todos sus surcos, si comí su sustancia sin dinero, o afligí el alma de sus dueños, en lugar de trigo me nazcan abrojos, y espinos en lugar de cebada" (31:38ss).
La intervención "ex abrupto" de Elihú desconcierta a todos los críticos, y no hay para menos, pero aquí eludiré la cuestión redaccional y me concentraré en sus palabras. En 33:12b-14 dice: "Mayor es Dios que el hombre, )por qué contiendes contra él? Porque él no da cuenta de ninguna de sus razones. Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios, pero el hombre no entiende". Elihú es consciente de que Job quiere hablar con Dios (o mejor dicho, que Dios le hable, le explique), y por eso le dice que se olvide de obtener respuesta, pues Dios siempre utiliza "medios" para hablar con los humanos. No hay comunicación directa, no hay revelación directa ()y quién dice que la desmitologización la inventó Bultmann?). Job tiene que conformarse con esos medios, uno de los cuales, además de los sueños (33:15), parece ser el tener que aguantar la retahíla que el propio Elihú le va a soltar, pues no en vano los sabios creen hablar según la Sabiduría de Dios, lo cual Job ha estado negando sistemáticamente.
(Pero ocurre lo impensable! (Dios habla!: ")Quién es ese que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?" (38:2). Parece que Dios decide intervenir por la misma razón que Elifaz: sus oídos no podían seguir escuchando un discurso tan vacuo de sentido, aunque en esta ocasión estuviera arropado de lenguaje sapiencial. Pero este discurso divino es algo decepcionante para muchos lectores: no dice absolutamente nada que no hubieran ya dicho los amigos de Job (cf. cap. 26), o Job mismo, aunque fuera entre ironías, o que pudiera decir cualquier ser humano con una buena formación científica o teológica. Pero este hecho mismo suscita una cuestión muy importante:)acaso puede Dios decir algo nuevo en palabras humanas? )Es que debe decir algo "nuevo" para demostrar que es Dios? Parece que no, que es imposible decir nada nuevo en palabras humanas. Todo lo que ha sido dicho, es lo que se dirá, ya sea en una lengua o en otra, en un nuevo lenguaje o en otro, pero nada nuevo puede ser dicho.Por tanto, podemos preguntarnos: )qué es, pues, la famosa Revelación? La Revelación parece ser que es la manifestación misma de Dios, de su intimidad, de su ser, de sus sentimientos, y especialmente de sus sentimientos por los hombres y mujeres. La Revelación es el hecho mismo de hablar, de comunicar, y por ello, de encarnarse en el otro. En el caso que nos ocupa, no es que el contenido del discurso de Dios sea indiferente, pues lo que Dios le viene a decir a Job es que no espere que le dé "razones" o "explicaciones", porque en términos racionales el ser humano tiene y tendrá siempre un límite, un tope que no podrá superar.Pero no cabe duda de que el libro de Job proclama la Revelación-Encarnación de Dios como pocos otros libros sapienciales del AT lo hacen.(2)
Como insinuaba al principio de este articulo, en muchas mitologías y epopeyas del Antiguo Oriente, los protagonistas consiguen que alguno de los dioses hable, o haga algo en su favor tras unas acciones rituales que casi automática e inmediatamente aseguran dicha intervención. La grandeza del libro de Job es que ésta es pospuesta por tiempo y tiempo, y sólo se produce cuando los protagonistas humanos han agotado todos sus recursos (racionales y religiosos o rituales). Algunos críticos ven con desagrado la reacción final de Job ante Dios. Además de lo que ha sufrido, arguyen, al final tiene que humillarse ante Dios: "me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza" (42:6).(3) Es cierto que estas palabras tienen una conexión directa con el discurso divino, pero su contexto más profundo hay que buscarlo en el calvario de un sufrimiento profundo agravado por un cuestionamiento y una búsqueda estériles que le han llevado a ese "apabullamiento" ante el Dios que habla, que se manifiesta. No es sólo Dios quien le ha apabullado, ha sido también su situación y su propia ansiedad por una respuesta coherente.
Los problemas literarios del libro son increíblemente complejos, y ello ha llevado a muchos exégetas a soluciones textuales y literarias también sofisticadas (alteración del orden, interpolaciones literarias, combinación de distintas fuentes, etc.,). Aunque algunas de estas teorías son razonables y acertadas, no se puede perder de vista que Job plantea de forma sofisticada los problemas fundamentales del ser humano, los cuales no tienen una respuesta "definitiva", si es que hablamos en términos racionales. Como dice un crítico, creo yo que con razón, cuando Job resuelve un problema, abre otro nuevo, y de ahí, en parte, el "galimatías" literario de algunos capítulos. Pero, por otro lado, hay que decir que, si bien no es racional, sí da una respuesta definitiva, a saber: Dios y su Revelación, su Encarnación. Su respuesta es que podemos entrar en una relación de confianza, aunque apunta a la conversión (Fe) como único lugar en el que ésta se produce (en una misteriosa relación de causa efecto). No hay atajos mágico-religiosos, ni tampoco principios teológico-sapienciales. Por otro lado, antes de recurrir a soluciones literarias hipotéticas, habría que reconocer el carácter irónico o sarcástico de algunos discursos de Job. Por ejemplo, el cap. 26, se dice, no encaja en boca de Job, pero creo que si se tiene en cuenta que éste proclama la soberanía de Dios como prueba de su lejanía y distanciamiento (cf. v.14: " (Y cuán leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, )quién lo puede comprender?"), no sería necesario pensar en una dislocación del orden original, en este caso al menos.
Aunque no lo he mencionado antes, los diálogos de Job (caps. 3-41) ocultan un debate "eclesial" profundo en el seno del judaísmo exílico o postexílico sobre los "medios" o "formas de acceso a Dios". También en nuestra época tenemos que afrontar debates similares.Job, que calla ("vence") a sus amigos, pero que a su vez tiene que arrepentirse ante Dios, muestra que no hay "partidos victoriosos" si no se produce al final una verdadera humillación (conversión) de todos. Cuando nadie ha vencido, sino que todos han (hemos) sido derrotados, es entonces cuando podemos decir: Dios ha hablado.
1. Este artículo es una reflexión más que un estudio crítico del texto de Job, aunque se basa en estudios críticos anteriormente realizados por el autor. Dado este estilo reflexivo, el autor ha prescindido deliberadamente de la utilización de fuentes bibliográficas concretas. [Volver]
2. Me hubiera gustado tener en cuenta las observaciones de varios autores sobre el significado pastoral del discurso secular de Dios, pero merecen un tratamiento propio y aparte. Quizás para un próximo artículo. [Volver]
3. La traducción de 42:6también podría ser “me tranquilizo y hallo consuelo en el polvo y la ceniza”.El matiz es distinto, pero para este artículo prefiero seguir con la traducción clásica de Reina-Valera. [Volver]
ABRIR EL ARTÍCULO COMO ARCHIVO DE IMPRESIÓN .pdf
|
|