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Las iglesias evangélicas y la España de hoy
por Pedro Zamora
El presente ensayo pretende introducir en nuestra SEPARATA algunas reflexiones sobre la actualidad de las Iglesias Evangélicas en España. Normalmente se abordan temas bíblicos, históricos o teológicos, pero parece necesario también abrir un hueco a las reflexiones socio-teológicas, por si ello estimula el debate sobre nuestra realidad.
Abreviaturas y siglas utilizadas
FEREDE: Federación de Entitades Religiosas Evangélicas de España; ICR: Iglesia Católica Romana; II.EE: Iglesias Evangélicas; UE: Unión Europea.
Introducción
La evolución española de los últimos 30 años, marcada por la estabilidad de su democracia y por su plena inserción en la UE, va a alterar profundamente el cuadro habitual de las iglesias evangélicas en España, pues ya se dan signos de tales cambios en el presente. Sin duda, el cuadro social, político y económico se ha visto definitivamente alterado de forma rápida: la afiliación a la UE ha obligado, y sigue obligando, a cambios profundos en los hábitos empresariales y políticos del país, lo cual significa un mayor acercamiento a formas económicas y políticas habituales en la Europa central y nórdica.En concreto, se está aprendiendo a planificar a largo plazo, y a exigir mucho más de todas las instituciones y organizaciones que configuran la vida social, tanto en lo público como en lo privado. Se espera que esta realidad sea mucho más intensa en el futuro.
Paralelamente a este relativo optimismo sobre el futuro económico, político y social del país, la situación eclesial (de todas las iglesias cristianas) es una gran incógnita. No es del todo negativa, pero tampoco se perciben avances importantes: es como estar en un impasse. El mundo católico, cuya jerarquía –al menos una mayoría de ésta--sin duda temía el advenimiento de la democracia, está ya más tranquilo al respecto, máxime cuando ha visto que ningún partido gobernante --el socialista hasta 1996 o el conservador hasta el 2004-- se ha atrevido a minar algunos de sus privilegios fundamentales, especialmente los económicos. En cuanto a las II.EE, sin duda partidarias de aquel advenimiento democrático, van poco a poco dándose cuenta de su impotencia ante los nuevos tiempos; sobre todo, se van percatando de su fragmentación o atomización exacerbada que les impide crecer como institución y acceder a una mayor responsabilidad social.
Veamos un caso concreto. Un pastor holandés, que estando de visita por España asistió a una conferencia sobre el catolicismo español actual impartida por un sociólogo católico, me comentó que le sorprendía la ausencia de lamentos o quejas que son habituales entre muchos representantes eclesiales europeos, que siempre tienen en la boca el tema del declive de las iglesias en Europa. En efecto, le dije yo, el catolicismo español no sólo no está en declive sino que incluso podría experimentar cierto auge, aunque mucho de él se deba a la recuperación de una religiosidad popular muy superficial. Por otro lado, el mundo evangélico, aunque no haya crecido sustancialmente, tampoco ha retrocedido en números. Y todo ello, a pesar del famoso proceso de secularización(1) que ciertamente ha arraigado en España tanto o más que en cualquier país europeo .....
Todo esto significa, en mi opinión, que tal impasse, que se plasmaría más gráficamente como una meseta, está lleno de posibilidades: todavía hay tiempo de tomar las decisiones adecuadas y seguir el camino correcto que permita a todas las iglesias cumplir con su llamamiento evangélico a vivir por y para el Reino de Dios. Más aún, dado que el derrotismo característico de muchas iglesias europeas –especialmente las históricas – todavía no ha arraigado en la mayoría de las II.EE españolas, creo que queda un ímpetu que podría permitirnos “levantar cabeza” ..., especialmente si dicho ímpetu viniera del Espíritu Santo, naturalmente.
La situación política, económica y social
Hecha la introducción, comencemos por reflexionar sobre la realidad social. En los años 70 España se lanzó con optimismo a la conquista de todo cuanto se le había negado por muchos años: libertad, dignidad internacional, europeidad, economía de primer mundo, etc.Los avances dados en este sentido son muchos, hasta el punto de que los países contribuyentes netos de la UE, como Alemania, le niegan ahora su “derecho” a recibir subvenciones. Tal fue el objeto de una disputa entre Schröder y Aznar, que obviamente se saldó con la derrota del segundo.
El problema de esta nueva sociedad es que existe un economicismo imperante que resulta asfixiante: a nivel cotidiano, las empresas ejercen una aguda presión sobre sus trabajadores en aras ala productividad, a pesar de que España no destaca precisamente por su buena productividad; por otro lado, el marketing que se emplea hoy a todos los niveles nos está llevando a un grado de idiotización bastante profundo, de modo que la levedad de nuestro ser roza ya la disipación del ser. Por lo que respecta al nivel social y político, se fomenta –no sé si el actual gobierno socialista lo corregirá--, unas veces muy sibilinamente y otras muy abiertamente, una idea de la Gran España parecida a aquella del antiguo imperio donde “no se ponía el sol”. Por ejemplo, la masiva presencia de empresas españolas (bancos sobre todo, y también empresas de telecomunicaciones y petroleras) en América Latina, tiene mucho que ver con este nuevo espíritu. De hecho, el anterior presidente Aznar comentó no pocas veces que España debía estar “entre los grandes”, y de ahí su empeño en meternos en el G-7 (G-8 con Rusia), y sobre todo en la guerra de Irak.
Yo no pretendo posicionarme respecto a una u otra política seguida por este o aquel gobierno. Sólo quisiera fijar mi atención en lo que ocurre en la vida cotidiana del español medio. En este punto, creo que la realidad se hace cada vez más agobiante: las familias tienen que trabajar muchas más horas que antes, porque también tienen que gastar mucho más, y todo ello para alcanzar un El Dorado que no existe hoy, como tampoco existía en el s. XVI. ¿Resultado? Las rupturas y los consiguientes dramas familiares ya no son mera estadística, sino una realidad palpable en el día a día: uno se encuentra con todo tipo de jóvenes que arrastran toda clase de disfunciones y problemas, sin que haya nadie para ayudarles de verdad. En Madrid, las bandas de jóvenes ¡y adolescentes de 13 a 17 años!, que cada fin de semana llenan las plazas donde beben como cosacos (y no pocos mezclan bebidas y drogas) hasta altas horas de la madrugada, se han convertido en todo un espectáculo; eso sí, bastante lamentable, sobre todo por la indolencia con la que la sociedad civil –servidor incluido-- reacciona. Así pues, se descuida la calidad de vida de la que se gozaba antes, cuando se era un país prácticamente tercermundista. Claro está que yo entiendo por calidad de vida la que permite dedicar tiempo a la familia, a los amigos,a la iglesia, .... y no la que permite pagarse un gimnasio, un viaje al Caribe, etc. En definitiva, España es hoy un país repleto de falsas ilusiones y sueños, para los que se está sacrificando todo. Sé sobradamente que los teólogos y pastores tendemos de modo natural a lo apocalíptico, esto es, a lo catastrófico, pero tampoco está de más mantener una forma de vida y una voz críticas que denuncien tantos sacrificios a ídolos vanos.Es más, en mi ignorancia sobre la economía, sospecho que la actual bonanza económica de España es más aparente que real, ya que se han promovido los grandes negocios más o menos especulativos y también los negocios de servicios (v.g. turismo), pero no creo que la economía realmente productiva haya avanzado en este país, como tampoco ha avanzado la calidad de la educación, o la calidad y cantidad de investigación.
En medio de este panorama ciertamente hay signos halagüeños. Dada nuestra historia pasada de “sociedad tutelada”, esto es, de sociedad permanentemente tutelada por los poderes político-religiosos, creo que uno de los signos más positivos es el sentimiento de autonomía que la sociedad ha desarrollado respecto a dichos poderes. Especialmente importante me parece el que el mundo empresarial y financiero comience a crecer y “volar” sin necesidad de los apoyos directos que anteriores regímenes más totalitarios les proporcionaron. Aparte del mundo económico-financiero, una muestra del desarrollo de este sentimiento de autonomía es la gran multiplicación de las ONGs civiles. En efecto, este dato –que además surge parejamente al gran aumento de objetores de conciencia que rechazan el servicio militar, lo cual ha precipitado la actual profesionalización del ejército-- apunta a una reacción social de búsqueda de una forma de vida más auténticamente humana, y mucho menos manipulable por el proceso de uniformización al que la sociedad se ve expuesta. Sin embargo, percibo algunas sombras, siendo ésta la más oscura: el gobierno español –y en esto, de cualquier signo político--, bastante hábilmente ha sabido aprovechar la precariedad económica de estas organizaciones para aplicar una política de subvenciones bastante inteligente, que ha llevado a sus brazos a las más importantes. Esto vale también para los sindicatos. En otras palabras, la sociedad civil española no es todavía lo suficientemente fuerte, o no tiene la necesaria conciencia, como para sostener económicamente a estas ONGs u otras organizaciones civiles (fundaciones, asociaciones, etc.), y evitar de este modo su excesiva dependencia del estado. Pero no es demasiado tarde. Este espíritu de autonomía, debería consolidarse en los próximos años para que todas las estructuras de nuestro país abandonen definitivamente su rigidez y adquieran un mayor espíritu de apertura y capacidad de cambio. Es más, esto, como hemos de ver, es fundamental para que la Iglesia Evangélica en España pueda desplegar un testimonio mucho más enraizado en este país.
La situación espiritual
Estrechamente ligada a la situación socio-económica y política está la espiritual. Muchos suelen prestar bastante atención a las estadísticas: número de miembros por iglesias o religiones, porcentaje de asistencia a cultos, porcentaje de practicantes y no practicantes, etc.En este terreno, no hay grandes cambios: España es un país predominantemente católico, con nuevas variaciones importantes, como el desencanto general con la iglesia institucional que se traduce en una asistencia a misa semanal mucho menor, aumento de la inmigración de religión musulmana (lejos todavía de los porcentajes de Francia o Alemania), y un ligero pero significativo aumento de los no adscritos a religión alguna.
Pero esta “estabilidad estadística” oculta movimientos o corrimientos poco perceptibles, pero, a la larga, significativos. Por ejemplo, la vida socio-política y económica ha adquirido, como acabamos de decir, una gran autonomía respecto a la iglesia mayoritaria (la ICR), y se tiende a una delimitación más precisa de cada campo de actuación.Bien es verdad que el partido gobernante hasta marzo del presente año favoreció, y en ocasiones de modo descarado, a dicha ICR. Con todo, y en general, se puede decir que el estilo de vida mayoritario está moldeado más por la vida civil que por la ICR.
En consecuencia, esta sociedad –amoldándose en esto a los moldes europeos-- ya no entiende “lo espiritual” en relación a la iglesia dominante o establecida. Por el contrario, se entiende como ese “suplemento” o “plus” que el individuo, además de lo material, necesita para vivir. En otras palabras, aun cuando pueda hablarse de la existencia de una “búsqueda espiritual”, lo cierto es que se trata de otro bien de consumo necesario para no caer en la cuenta de la vacuidad de nuestra forma de vida. Esto significa que también en España la vivencia religiosa está profundamente mediatizada por los ritmos que marcan la sociedad y la economía. Este efecto, que ya tiene arraigo entre los feligreses de la ICR, comienza ahora a incidir en las pequeñas iglesias evangélicas que, hasta hace bien poco, todavía se creían el bastión de una verdadera espiritualidad de seguimiento a Cristo. Por ello, cabe decir que la fuerza de la nueva sociedad española nos ha engullido a todos, sin excepción.
Pero esta pujanza de la sociedad civil también puede, y debe, ser vista desde una óptica positiva. Soy muy consciente --ya lo mencioné al principio de este ensayo-- de que muchas iglesias hermanas de Europa ven con recelo el proceso de secularización que se vive en nuestro continente. De hecho, uno percibe cierto pesimismo y sentido de impotencia entre muchos representantes eclesiásticos europeos, sobre todo protestantes. Pero en España, este proceso nos afecta de un modo distinto a los evangélicos: es la ICR la que tendría que haber desarrollado un sentimiento de pérdida del peso político y social, mientras que las II.EE ya estabanacostumbradas a la marginación. En otras palabras, para estas últimas no tendría sentido el sentimiento de “pérdida”, puesto que nada han perdido, y todavía lo tienen todo por ganar. Las II.EE en España conservan cierta ilusión por las posibilidades de crecimiento numérico y de mayor incidencia social. El problema es más bien cómo adaptarse a los nuevos tiempos, y no tanto qué hacer para detener la ola de bajas en la feligresía, como ocurre en las II.EE europeas. De todos modos, no cabe duda de que éste es un problema muy serio, ya que la sociedad es ahora mucho más exigente que antes, y no se pueden hacer las cosas de cualquier modo. Más aún, el talón de Aquiles de las II.EE. sigue siendo su fragmentación y debilidad institucional. Esto podía ser una ventaja en tiempos de persecución e intolerancia, pero ahora es un lastre, aunque sé que quizás esto resulte difícil de entender para aquellos que, por estar acostumbrados a ella y por experimentar sus límites, critican la institucionalización eclesial.
Así pues, creo firmemente que el proceso de secularización puede jugar un papel positivo en el necesario cambio de las II.EE. Éstas, quizás como forma de protección contra una sociedad hostil, vivían encastilladas en el dogmatismo y en el biblicismo (exégesis literalista), lo cual les proporcionaba una seguridad que suplía todas las carencias institucionales con las que no se podía contar. Pero la nueva sociedad ya no “traga” con estos “ismos”, y de hecho las propias bases de las II.EE han sufrido un proceso de secularización propia, que ha creado una cierta separación entre la clase dirigente, más o menos aposentada todavía en el dogmatismo y biblicismo --siquiera formal--, y una clase laica cuyos intereses cotidianos no se diferencian en exceso de los de la mayoría social. En mi opinión, este distanciamiento entre la dirección oficial de las iglesias y sus bases constituye una novedad.Sin duda puede tener consecuencias negativas que están todavía por ver, pero también contiene elementos positivos, como por ejemplo la menor influencia del dogmatismo y literalismo sobre un amplio segmento de la feligresía evangélica.El peligro de este menor dogmatismo es la desmovilización de las bases respecto a sus compromisos cristianos, pero por otro lado es a partir de esta liberación que les será posible a algunos, entre las nuevas generaciones, plantearse cambios profundos, siendo el principal de ellos el que tendrán que aprender a vivir su fe cristiana sin la “tutela chantajista” que muchos dirigentes han ejercido hasta aquí. (Por “tutela chantajista” me refiero al ejercicio de una dirección basada constantemente en la amenaza y el temor). A su vez, los dirigentes tendrán que aprender a ejercer su ministerio más con las capacidades de persuasión y convencimiento que con la amenaza. En definitiva, los dirigentes tendrán que acudir a una mayor preparación y renovación personal, y menos al abuso de su cargo o carisma.
Estos cambios genéricos que acabo de mencionar, y que creo que están ya en ciernes, pueden concretarse en los siguientes aspectos:
(1) desarrollo de una opinión más favorable sobre las instituciones eclesiales y sociales. Aunque el institucionalismo que conduce a formas de poder puede ser negativo, lo cierto es que las II.EE de España no han tenido la oportunidad de crear y gestionar instituciones eclesiales "supra-parroquiales" o, por usar vocabulario más evangélico, “supra-congregacionales”, más o menos importantes y efectivas en su ministerio. Sólo unos mínimos niveles de institucionalismo puede llevar a la creación de las instituciones necesarias para la propia subsistencia y crecimiento de las distintas iglesias evangélicas, combatiendo eficazmente el feroz concregacionalismo (y por tanto, el feroz divisionismo) actualmente imperante.
(2) desarrollo de una valoración más positiva del mundo social en el que vivimos.Con ello se avanzaría hacia una presencia más pública de las II.EE. en el contexto español. El testimonio evangélico debe aumentar su presencia en áreas culturales en las que ha estado ausente por completo, precisamente por temores hacia todo lo proveniente de la sociedad. Además, dicho testimonio ha de dejar de ser meramente presencial para involucrarse más activamente en el área de toma de decisiones.Es decir, deberá ser un testimonio más comprometido con los poderes públicos.
(3) desarrollo de una mayor interrelación interdenominacional e incluso ecuménica (es decir, con el protestantismo tradicional y también con la ICR).Este aspecto es importante para que en el futuro se puedan alcanzar acuerdos sobre recursos y estrategias básicas entre un amplio abanico de las II.EE. En términos más concretos, es fundamental para que en el futuro se pueda crear un verdadero Concilio Nacional de Iglesias.
Que estamos ya ante una evolución en el sentido de estos tres puntos, se percibe por la propia evolución de la FEREDE, organismo éste que agrupa al mayor número de denominaciones y las representa ante el Estado.En efecto, la FEREDE sigue manteniendo el papel de "representante" de todas las II.EE ante el Estado, pero cada vez más actúa como canalizador de recursos y como catalizador de estrategias comunes.LA FEREDE nació como un organismo de defensa, pero muy lentamente parece querer transformarse en una especie de Concilio Español de Iglesias, o sea, un Consejo Mundial de Iglesias (CMI) a nivel español y estrictamente evangélico. Esto se desprende, al menos, del hecho de que cada vez cree más departamentos enfocados hacia áreas de especialización.Cada uno de los departamentos busca no tan sólo representar ante el gobierno, sino optimizar los recursos de cada una de las iglesias, conjuntando sus estrategias en la medida de lo posible.
Pero para que la propia FEREDE siga ese camino, habrá que salvar algunos obstáculos importantes, siendo el mayor, creo el secular anti-institucionalismo de las II.EE de nuestro país. El protestantismo español ha desarrollado una realidad eclesial radicalmente opuesta al “jerarquismo” católico, que ha resultado en una impresionante atomización que, lejos de ser considerada un escándalo, es considerada prácticamente una virtud por excelencia. Por ello, yo diría que la eclesiología que se desarrolla sobre esta base social es la de la ecclesiola in ecclesia, aunque en no pocos casos ello degenera, si no teológicamente sí en la práctica, en la eclesiología de la sola ecclesiola.A partir de esta eclesiología teórica y práctica, se potencia hasta el extremo tanto la capacidad de “autogobierno eclesiástico” como la “autonomía espiritual” del individuo respecto a cualquier tutelaje externo más o menos organizado. Si este estadio no es superado más o menos pronto por una parte significativa de las II.EE, entonces veo difícil que podamos romper tanto nuestra barrera numérica como las barreras a nuestra relevancia social.
RESUMEN
Quisiera pues terminar este breve ensayo sobre la realidad social y espiritual de España, con un tono de esperanza: la nueva España nos ha abierto un horizonte mayor de lo que jamás hubiéramos podido soñar. Es otro regalo de Dios. Pero como todo don o regalo, es un llamamiento a aprovecharlo para que el Reino de Dios se haga cada vez más presente entre nosotros.
Creo que los tiempos de represión e intolerancia, en los que siempre se anclaban nuestras reflexiones, han pasado definitivamente (o al menos, por un tiempo más estable que en el pasado).Nos ha llegado la hora de reconstruir el entorno protestante sobre unas nuevas bases que ya no son ni el temor, ni el ghetto, ni tampoco la mojigatería espiritualista o el liberalismo "snob".El futuro que tenemos delante es más estimulante que nunca.Creo que las generaciones actuales somos unas privilegiadas por haber podido conocer unos tiempos en los que el horizonte de España no se presenta tan convulsionado como en el pasado.Pero es también una gran responsabilidad que muy fácilmente podemos desaprovechar.Quiera Dios, por medio de su Espíritu, ayudarnos a llegar allí donde nuestra razón y nuestras manos no sean capaces de alcanzar, y que la cruz de Cristo nos haga sacrificar cuanto sea necesario sacrificar por el avance del Evangelio en España.
1. Este famoso proceso es muy complejo tanto en su definición como en su constatación. Por ello, aquí me limito a tomarlo en su comprensión más popular, esto es, como el proceso de pérdida de influencia social de las iglesias tradicionales, que algunos consideran que llevará a un desenlace fatal: la práctica desaparición de las iglesias cristianas en Europa. [Volver]
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