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VI. El mito como acceso al evangelio
Final de: El legado de Rudolf Bultmann por Rainer Sörgel
Tal como acabamos de indicar, otro aspecto importante es la función del mito en cuanto a su potencial de actualización y representación del hecho salvífico. El gran mérito de Bultmann ha sido el de entender y admitir que el kerygma del evangelio aparece en forma de mito,(1) y que la posibilidad de acceder al kerygma pasa necesariamente por el acceso al mito. El exegeta alemán pretendía ofrecer este acceso en su programa de desmitologización, cuya intención fue correcta, aunque la realización parece insuficiente, porque no realmente accede al discurso mitológico sino lo sustituye por el existencialismo heideggeriano.
Hübner tiene razón cuando afirma, "se le puede dar muchas vueltas al asunto, pero donde se manifiesta una fe viva no solamente hay reflexión filosófico-científica, sino también experiencia mítica". (2)Actualmente se está asumiendo que entre razón e imagen, entre concepto y símbolo, o sea entre logos y mito no se ha de ver tanto una contradicción, sino más bien una complementariedad.(3) En el mito, y los arquetipos con los que opera, tenemos que ver con imágenes comprimidas de la vida.(4) En contra de la idea de entender el alma (psique) humana en términos de una tabula rasa, la presencia universal de los mitos en todas las etnias(5) permite hablar de ellas como del repertorio de la memoria que en el subconsciente colectivo se ha formado a lo largo de los milenios de la evolución humana. Haciendo referencia a este repertorio, Eugen Drewermann habla de un equivalente empírico al concepto teológico de eternidad.(6) El hombre lleva en su subconsciente toda la herencia del experimentar humano. Tanto en el sentido de un recuerdo lejano del paraíso como en forma de las angustias fundamentales, los mitos se puede entender como fijaciones tempranas en la historia del experimentar humano; y como tales poseen siempre su verdad. La verdad de la narración mitológica no consiste en una supuesta verificación de sus detalles por medio de la ciencia histórico-empírica, o sea, la verdad del mito no obedece a los modernos métodos de objetividad, historicidad, etc. Stegemann tiene razón cuando dice, que la búsqueda por el Jesús histórico siempre acaba con la pérdida del evangelio como mito.(7) La verdad del mito no solamente consiste en su alta capacidad de conciliar las antinomias y contrastes de la vida humana, en ofrecer identidad colectiva para pueblos y abrir el proceso de individualización para los individuos, sino la verdad del mito consiste además en su potencial de actualizar, representar, es decir de volver a abrir aquellos archivos en los que están guardados las experiencias neurálgicas de la historia humana. Por eso los antepasados contaron las historias, que consideraron importantes, en forma de mito, para convertirlas así en historias eternas, es decir en tales que nunca pierden su vigencia para la humanidad.(8) Toda esperanza que se transmite en el mensaje salvífico corresponde a los deseos creados en el pasado (y presente) que están representados en los mitos.(9) Por eso ocurre que en la Biblia se describe la esperanza futura con las imágenes del paradisíaco principio. Drewermann concreta: "Para que sea posible la esperanza, hacen falta determinadas imágenes e imaginaciones que definen el carácter por el cual el futuro aparece como algo deseable". El mito consigue hacer puente entre pasado y futuro. La esperanza se comprende como un deseo por el principio, como nostalgia por un estado inocente y puro inicial.
En fin, la narración mitológica no posee verdad e importancia por su historicidad,(10) sino porque su simbología, sus imágenes, sus arquetipos conectan y se comunican con aquellos que están grabadas en la memoria de cada persona, preparando así un camino en el que las contradicciones de la vida se expresan y se reconcilian.(11) La narración mitológica consigue comunicarse con el hombre, porque - aunque sea un hombre moderno - en su disco duro existe un programa que responde a la simbología del los mitos. Por eso no hace falta sustituir los mitos por un discurso más racional, sino lo que hace falta es abrir el significado de sus imágenes y significados.(12) Cuando esto ocurre, cuando el hombre se reconoce a sí mismo en la narración mitológica, cuando identifica sus propias esperanzas con las del mito salvífico, y cuando de esta manera la narración mitológica consigue acercar el mensaje del mito salvífico de tal manera al hombre que se produce un estado de similitud y de identidad con el mensaje del mito, entonces es para el hombre como una revelación,(13) porque alguien le dice lo que estaba en él, y que él mismo jamás podía haberse dicho a sí mismo. Si el hombre se reconoce en el mito, porque intuye, entiende y experimenta (en el sentido de una experiencia existencial) que el mensaje narrado en el mito recoge y representa lo que se encuentra en el repertorio de su propia memoria, entonces para tal persona el mito es verdad, independiente de su base histórica. Por eso consiste la apropiación de la salvación no en volver a explicar, sino en volver a experimentar el mito salvífico.(14)
Intentemos resumir lo que hemos venido comentando a lo largo de este artículo: El mundo teológico del siglo pasado se vio desafiado por el programa de desmitologización de Rudolf Bultmann. En ello, la teología tuvo que enfrentar una vez más las ineludibles consecuencias que un mundo y una ciencia secularizada conllevan. Bultmann, movido por el intento de hacer accesible el kerygma del Nuevo Testamento al hombre moderno y viendo el enorme contraste entre cosmovisión mitológico y cosmovisión moderna, pretende resolver el problema echando mano del existencialismo heideggeriano, que para el hombre moderno debería sustituir la función del mito. Es en este punto en el que nos hemos visto obligados a enfocar nuestra crítica. El mito no se debe ni se puede sustituir, porque desempeña una función - en cuanto a la comunicación del hecho religioso - que es insustituible. Es precisamente la narración mitológica, la que consigue actualizar y conectar el mensaje salvífico con el hombre (también con el hombre moderno), porque la herencia del mito - en forma de símbolos, imágenes y arquetipos - se encuentra en todo hombre en forma de estructuras antropológicas primordialmente religiosas. El dato de la actual mitologización excesiva demuestra que la represión del mito por parte de la teología no solamente vacía las Iglesias, sino que además puede dar lugar a un incontrolado "retorno del mito" que - como también ha enseñado el siglo pasado - juega un papel importante en los desastres del nacionalsocialismo. Por eso, siguiendo en líneas generales la tesis de Lluís Duch, que postula la complementariedad entre logos y mitos, proponemos acoger el legado de Rudolf Bultmann y complementarlo con el método de la exégesis de la psicología profunda de Eugen Drewermann.
1. Vea en Stegemann, "Aus Mythos wird Geschichte". En este artículo, Stegemann define el género de los evangelios, cogiendo Marcos como ejemplo, como narraciones mitológicas. Stegemann sostiene que el "mito como historia implica en este contexto una aplicación estratégica de historiografía para afirmar la vigencia de la intervención divina frente a todas las posibles evidencias y experiencias contrarias" (47). En este sentido la narración mitológica es apologética del evangelio (46). [volver]
2. Hübner, Die Wahrheit des Myhtos, p. 341. [volver]
3. Así se podría resumir el exhaustivo estudio de Lluís Duch, Mito, interpretación y cultura. Aproximación a la logomítica; p. 237, "...se trata de visiones complementarias de la misma y única realidad humana, que es fundamentalmente logo-mítica, porque se fundamenta al mismo tiempo sobre la abstracción y la concreción, los conceptos y las imágenes, los procesos inductivos y deductivos y la intuición" (la palabras cursivas son de Duch). [volver]
4. Drewermann, Tiefenpsychologie und Exegese I, p. 221. [volver]
5. Duch, Mito, interpretación y cultura. Aproximación a la logomítica, p. 156. Duch dice que el mito pone de manifiesto la fraternidad universal de todos los hombres. [volver]
6. Drewermann, Tiefenpsychologie und Exegese I, p. 229. Según estudios anatómicos: Numerosas reacciones primitivas del ser humano, aquellas que forman parte del experimentar de los mitos y arquetipos, se localizan en la parte del hipotálamo del cerebro humano. Es decir en las partes más antiguas y primitivas del cerebro (230). [volver]
7. Stegemann, Aus Mythos wird Geschichte, p. 50. [volver]
8. Drewermann, Tiefenpsychologie und Esegese I, p. 331. [volver]
9. Drewermann, Tiefenpsychologie und Exegese I, p. 234. [volver]
10. Aunque innegablemente, la gran mayoría de los mitos tienen un trasfondo histórico, y en el caso del Nuevo Testamento éste está innegablemente ahí. [volver]
11. Para ello es imprescindible complementar la intención de Bultmann, en cuanto a su programa de desmitologización, por medio de la facultad interpretativa de la psicología profunda. En este sentido se puede ver in la teología de Eugen Drewermann una continuidad de Bultmann. Vea para ello el artículo de Dieckmann, Bultmann und Drewermann- Entmythologisierung und tifenspychologische Exegese: Gegensatz oder Weiterführung? [volver]
12. Para ello, la teología debe aprender de los resultados obtenidos en el campo de la psicología profunda. [volver]
13. Drewermann entiende la revelación no tanto en el sentido de un extra nos, sino más bien como una revelación desde el interior. Vea en Glauben und Freiheit II, p. 181. En el momento en que experimentamos una revelación, se produce una fusión entre lo pasado y lo presente. El mito actualiza la salvación de tal manera que hace acto de presencia. Vea en Eugen Drewermann, Strukturen des Bösen I, Die jahwistische Urgeschichte in exegetischer Sicht, Paderborn: Schöningh, 1988; p. XXVI. [volver]
14. Drewermann, Tiefenpsychologie und Exegese I, p. 344. Drewermann habla aquí de "volver a soñar", pero el sueño aquí es para él una expresión de la experiencia profunda. [volver]
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