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Nº 3, Vol. 1, Año 1997

La lectura consecuente de la Biblia
por Sergio Rosell

Por regla general, encontramos algo paradigmático en la iglesia cristiana: por un lado veneramos la Palabra de Dios hasta extremos que revelan una falta de entendimiento en cuanto a quién debemos adorar (la persona de Cristo, no el libro), y por otro hacemos del texto una aplicación rápida que en ocasiones poco tiene que ver con la idea original que el autor tuvo en mente al escribirlo. Se pretende pues, en este corto ensayo, facilitar unas pautas básicas que nos ayuden a la hora de interpretar el texto y de aplicarlo a nuestra situación nueva.

Antes de proseguir con el artículo, leed el capítulo 18 de Mateo de manera pausada.

Cuando estudiamos el texto, observamos qué se dice (contenido) y cómo se dice (estructura). La meta que tenemos en este ejercicio es interpretar Mateo 18:20: Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos . Quizás me equivoque pero pregúntate a ti mismo/a cómo solemos interpretar/aplicar este texto en la iglesia (¿Quizás para animarnos cuando no viene suficiente gente a la reunión vespertina de oración?). Un estudiante dijo una vez, cuando expuse este tema: Ah es que ese texto tiene truco . El texto no tiene truco, sino que demuestra hasta qué punto hacemos malabarismos con el texto para adecuarlo a situaciones completamente ajenas al mismo.

Observemos primeramente el contexto mayor en que se enmarca este texto: ¿dónde observáis que el evangelista comienza con un tema nuevo? Aquí buscamos cambios de atmósfera, temporales, locales/espaciales, etc. Echad un vistazo a 18:1 En aquel tiempo... ¿Cuál es el tema que se trata en esta sección? ¿notáis un desarrollo en el tema a medida que avanza? Fijaros en 18:10 para discernir ese desarrollo, Jesús se refiere de manera concreta ahora a no menospreciar a los pequeños y a continuación nos relata la parábola de la oveja que se descarría (¿uno de los pequeños?), y cómo Dios se vuelca en buscarla porque ve su valor.

V.15 comienza con una frase de resultado: Por tanto... . Observamos otro desarrollo, ¿cuál es el tema que se trata ahora? Antes de pasar a estudiar nuestro texto, ve cómo la parábola de los vv.23-35 habla sobre el mismo tema.

Es claro que se habla en cuanto al perdón, pero no sólo acerca del acto en sí, sino a qué estamos dispuestos a hacer para que mi hermano/a no se descarríe y se pierda (parábola en 10-14).

Vamos ahora a observar el contexto inmediato de 18:20. En el v.15 Jesús comenta qué hacer en caso de fricción con un hermano/a. Estudiad los vv.15-18 para determinar cómo se trata el tema de susodicho perdón. El v.16 nos da la clave, ¿qué hacer cuando no se quiere buscar la reconciliación por las buenas? La mención de dos o tres testigos es sumamente importante para interpretar el v.20. Vamos incluso más allá, y observamos el v.19. Este verso nos da pistas seguras del papel de la iglesia como ejecutora de la disciplina divina, y de cómo Dios respalda tal decisión. Al leer ahora el v.20 no podemos sino reconocer que se habla en un contexto de disciplina eclesiástica (cf. v.17) y que Dios está en medio. Ahora, ¿os acordáis de la mención a las actitudes de perdón de los vv.6-9 y 10-14? Bueno pues esto también nos da pistas en cuanto a que Dios está en medio para asegurarse de que esa disciplina se desarrolla en un espíritu de no dejar que la oveja se pierda, pues ésta es la voluntad de nuestro Padre.

Estudiando los vv.21-22, ¿cuál es, bajo esta luz, la actitud de Pedro respecto al perdón? ¿Qué comunica la respuesta de Jesús no sólo en cuanto a la cuestión de Pedro sino en su referencia a la iglesia como mediadora del perdón/justicia divinos?

Pasamos ahora a profundizar (y aplicar) en esta afirmación y sus consecuencias para la iglesia. Una lectura sin relación al contexto parece responder al entendimiento de Pedro, pero cuando observamos este texto a la luz de las parábolas de Jesús no podemos por menos que reconsiderar tal actitud. La parábola de los dos deudores no deja duda de que ambos necesitan del perdón y misericordia del rey, así que nuestra disciplina como iglesia hacia la restauración o el juicio se baña en la realidad de la iglesia como cuerpo que necesita del perdón constante de Dios (v.35), y de que es locura poner límites al perdón por parte de la comunidad (vv.21-22). Se invita a la iglesia a participar en buscar a los que se pierden (desde dentro de la misma) en esa labor de disciplina, pero siempre consciente de que la presencia divina está ahí para rubricar lo decidido con un doble filo, que lo que se haga sea siguiendo la actitud amorosa del Padre (v.14) y asegurándonos de reconocer nuestra debilidad y necesidad imperiosa de no poner trabas a los pequeños (vv.6-9).

Mucho más se podría decir en cuanto al uso de la disciplina en la iglesia, pero valgan estas pocas reflexiones para hacernos comprender un poco mejor el carácter de Dios como soberanos absoluto que no pone límite al perdón, y el papel de la iglesia es su búsqueda de actualización de estos pasajes en su imitación del carácter del Padre en todo lo que hace, sobretodo cuando a juicio se refiere.

 

 
 
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