El Jesús Histórico:
Historia y estado de la cuestión
(2ª parte)
por Marcos Abbott
LA QUINTA FASE
La llamada Nueva Búsqueda fracasó porque, a fin de cuentas, se trataba de un programa más teológico y filosófico que histórico. Esa etapa de investigación se vio profundamente marcada por el idealismo alemán, la teología dialéctica y la filosofía existencialista. Además, sufrió de un escepticismo histórico sofocante.
El nuevo giro en la investigación se debe en parte a un cambio de enfoque metodológico. Mientras los investigadores de la Nueva Búsqueda buscaban la fiabilidad histórica diferenciando a Jesús de su entorno judío, los de la llamada Tercera Búsqueda aplican los estudios sociológicos y antropológicos para ubicar a Jesús plenamente en su contexto histórico, social y cultural de la Palestina del siglo I d. C. La nueva investigación pretende explicar el fenómeno de Jesús y el movimiento que engendró en el contexto socio-político de su época. El tema de la fiabilidad histórica de los documentos, queda pues en segundo plano.
Este nuevo giro metodológico ha generado una eclosión de investigaciones entre 1965 y el presente.(1) En 1985 Robert Funk estableció el Jesus Seminar. Este grupo de investigadores norteamericanos se hizo famoso por someter la autenticidad de cada fragmento de la tradición jesuánica a la votación de los especialistas. La cuenta roja indicaba que la tradición es auténtica; la rosada significaba que probablemente es auténtica; la gris indicaba que probablemente no es auténtica; y la cuenta negra considera que definitivamente no es auténtica. Después de votar, se colocaba la tradición correspondiente en categorías conforme a las estadísticas de probabilidad indicada por la opinión del grupo de votantes. (Gracias a Dios, no utilizaban el sistema de votación del estado de Florida ....)
Como ya se ha mencionado, se puede caracterizar esta última fase de investigación por su metodología. En el área fundamental de las fuentes se extiende el campo para incluir tanto las cristianas canónicas y extracanónicas como las no cristianas. Algunos investigadores dan un peso importante a fuentes tardías que incluían, creen, una tradición jesuánica temprana que se puede utilizar para evaluar la tradición de los Evangelios. Por ejemplo, se da una importancia particular al Evangelio de Tomás, que técnicamente no es un evangelio sino una recopilación de 114 dichos de Jesús, muchos de ellos muy transformados por el gnosticismo.
El estudio de las fuentes no cristianas ha sido clave para identificar las corrientes teológicas, sociológicas, políticas y culturales de la época de Jesús. Se ha mejorado mucho el conocimiento del judaísmo del siglo I d. C. y el contexto en que vivió.
Otro cambio metodológico importante es el rechazo del criterio de la desemejanza y la aplicación del criterio de la plausibilidad contextual histórica. Gerd Theissen la explica:
Mientras el criterio de desemejanza exige que las tradiciones jesuánicas no se puedan derivar del judaísmo --cosa que nunca se puede demostrar con el rigor suficiente--, el criterio de plausibilidad contextual histórica requiere tan sólo la prueba de unas relaciones positivas entre la tradición jesuánica y el contexto judío, es decir, entre Jesús y el paisaje, los grupos, las tradiciones y mentalidades del judaísmo de la época.(2)
En vez de buscar a un Jesús único, se busca a un Jesús que encaja en su entorno.
Para dar mayor claridad a esta fase de la investigación, a continuación se presenta una reseña de la obra de dos personajes importantes que representan polos distintos: John P. Meier y John Dominic Crossan, cuyas obras han sido publicadas también en español.
John P. Meier es un sacerdote católico y profesor en la Universidad Católica de América en Washington, D.C., y ha publicado el libro Un judío marginal: Nueva visión del Jesús histórico(3). Meier pretende ofrecer un estudio relativamente objetivo del Jesús histórico. Se aplica concienzudamente una metodología bien definida. Expone claramente los cinco criterios primarios y los cinco secundarios que él aplica (Meier, I, pp. 184-199). Después de una evaluación de las diversas fuentes potenciales para el estudio histórico de Jesús, al final acepta solamente los cuatro evangelios y unos fragmentos de Pablo del NT. Josefo es el único testimonio no cristiano e independiente que acepta (I, pp. 158-159).
Primero, Meier investiga lo que él llama en la segunda parte las Raíces de la persona, es decir, detalles como el lugar de nacimiento, la lengua y educación, el estatus socioeconómico, el estado civil y la cronología de Jesús. Como Meier utiliza la marginalidad como pauta de definición y presentación de Jesús, un elemento que distingue bastante a Jesús en el contexto de un pueblo judío de Galilea es su decisión de permanecer célibe. Aparte de este detalle, Meier dice, “Por lo demás, la vida de Jesús debía de tener entonces poco de particular” (II/2, p. 1185).
Jesús se hizo discípulo de Juan el Bautista, otro judío marginal. Juan era un profeta escatológico que creía en la venida inminente del Reino de Dios, que llevaría consigo el juicio y la salvación. Meier describe el bautismo de Juan así:
...como un acto simbólico que proclamaba, anticipaba y aseguraba la purificación del pecado que, por medio del “más fuerte”, el espíritu santo llevaría a cabo el último día, cuando fuese derramado como agua sobre el pecador arrepentido (II/1, p. 91).
El mensaje escatológico de Juan sirve de base a la escatología de Jesús.
Todos reconocen la importancia del reino de Dios en la predicación de Jesús. Meier hace un estudio cuidadoso del trasfondo de este símbolo en el AT, en los pseudoepígrafos y en Qumrán. Jesús lo convierte en el símbolo central de su mensaje, probablemente adoptando una forma relativamente reciente, como la que se encuentra en los Salmos de Salomón (II/1, pp. 317-320).
La mayoría de los dichos de Jesús proclama un reino de Dios futuro. Meier reseña el significado de este aspecto futuro cuando dice,
...significaba la inversión de toda injusta situación de opresión y sufrimiento, la concesión de la recompensa prometida a los israelitas fieles (las bienaventuranzas) y la gozosa participación de los creyentes (¡e incluso de algunos gentiles!) en el banquete celestial con los profetas de Israel (II/1, p. 424).
Pero el reino de Dios no era sólo una realidad futura. Si Jesús sólo profetizase la inminente venida del reino, no se hubiera diferenciado de los profetas y de la literatura pseudoepigráfica. El reino que proclamaba estaba presente en su ministerio también. Esta presencia se experimentaba principalmente en las curaciones y en los exorcismos. Además, Meier indica que Jesús “...hizo presente el banquete final del reino en sus celebraciones prandiales, ocasiones en que, para escándalo de muchos, compartía mesa con los excluidos desde el punto de vista social o religioso” (II/2, p. 1188).
Después de tratar el tema del reino de Dios, Meier lleva a cabo una extensa investigación sobre los milagros. Los considera desde la perspectiva de la mentalidad moderna y desde la mentalidad antigua. Luego estudia la historicidad de los milagros de Jesús. Concluye que “Jesús realizó acciones extraordinarias juzgadas milagros por él mismo y por otros” (II/2, p. 728). Los milagros con una historicidad probable incluyen las curaciones, los exorcismos y algunos casos de resurrección. Sin embargo, Meier cree que todos los relatos de los llamados milagros sobre la naturaleza, menos uno, carecen de historicidad. La multiplicación de los panes tiene una base histórica sólida según la mayoría de los criterios (II/2, p. 1113).
En resumen, Jesús fue un profeta escatológico según el modelo de Elías. También era un taumaturgo y maestro “carismático” (entendido sociológicamente) que enseñó imperativos éticos, basando su autoridad “...en su propia capacidad para conocer directa e intuitivamente cuál era la voluntad de Dios para su pueblo, Israel, en los últimos días” (II/2, p. 1191). Apoyándose en su autoridad directa, Jesús abolió o cambió disposiciones de la ley sobre el divorcio, los juramentos y los alimentos.
Para una perspectiva no escatológica de Jesús consideremos a John Dominic Crossan. Crossan es uno de los miembros más famosos del Jesus Seminar. Ha publicado varios artículos y libros sobre el Jesús histórico. El libro que representa la culminación de su investigación es Jesús: Vida de un campesino judío.(4) Lo que destaca de la obra de Crossan es primeramente la metodología y segundo las conclusiones.
Crossan utiliza una metodología bien compleja y estructurada, que expone claramente al principio. Primero, su investigación trabaja a tres niveles: el antropológico, que él llama el macrocósmico; el histórico, o el mesocósmico; y el literario, o el microcósmico (p. 26). Además de esos tres niveles presta atención a tres estratos de la tradición jesuánica. El primer estrato conserva la tradición; el segundo la desarrolla, y el tercer estrato crea nuevas sentencias e historias (p. 27).
Después de describir los tres niveles de investigación y los tres estratos de tradición, presenta los tres pasos que utiliza para evaluar la tradición jesuánica. Primero, hace un inventario de fuentes, y Crossan utiliza una gama más amplia que nadie. Segundo, coloca las fuentes en estratos cronológicos. Luego, averigua si hay atestiguación de forma independiente. Todo eso da un resultado casi matemático que se puede utilizar para confeccionar estadísticas.
El resultado de esta metodología es impresionante. Llama mucho la atención cómo vincula Crossan los aspectos del Jesús histórico con los fenómenos socio-políticos del judaísmo de la Palestina del siglo I d.C. Cada término de referencia a Jesús --como por ejemplo, mago, profeta milenario, bandido, y Mesías-- va tomando significado a través del análisis antropológico, histórico y literario.
En la primera parte del libro titulada “Un imperio en manos de intermediarios”, Crossan esboza un esquema de la sociedad mediterránea de la época. Los valores principales de la sociedad eran honra y deshonra. Según Tomas Carey, la sociedad estaba basada en el patrocinio y no en la estratificación social. Las relaciones de esclavo y amo, cliente y patrono definían de gran manera las relaciones sociales en todos los niveles (p. 95). El sistema de patrocinio produce una jerarquía de intermediarios, tanto económicos como políticos y religiosos que rigen la sociedad.
¿Qué formas de protesta social surgen en una sociedad mediterránea bajo el imperio romano? Bryan Wilson identifica siete tipos de reacción por personas o grupos que se sienten marginados en la sociedad. La reacción que Crossan identifica como la más paralela a Jesús es el cinismo. El cinismo es una forma completa de retirarse del mundo. El cínico adoptaba una pobreza deliberada y anticultural. Se adoptó un modo de vestir estereotípico con el manto, la alforja y el bastón. Significaba llevar una vida itinerante de mendigo.
La segunda parte del libro se titula “La mediación puesta en entredicho”. En esta parte Crossan intenta demostrar formas de protesta social campesina frente a las estructuras políticas, sociales y religiosas. El apocalipticismo cae dentro de este marco como una reacción antes los graves ataques a la integridad cultural. El apocalipticismo de la época de Jesús es una reacción a la cultura helenística dominante.
La profecía suele ser una característica del apocalipticismo. Como dice Samuel Eddy, “...recurrir a la profecía constituye una reacción universal propia del hombre maltratado” (p. 142). La profecía milenarista es una profecía popular campesina. De ello Crossan dice, “...supone un momento fascinante de transición entre las protestas pacíficas de los campesinos...y el bandidaje violento de esos mismos campesinos...” (p. 199). Juan el Bautista es un profeta milenarista y cabecilla de un movimiento de liberación. (p. 201).
En adición al apocalipticismo y la profecía milenarista, la capacidad de obrar milagros también ponía en entredicho la mediación de Dios de parte del establecimiento religioso, representado en Israel por el Templo y el sacerdocio. Crossan llama mago a Jesús. Se puede sustituir este término por taumaturgo, santo, obrador de milagros, u otros. El poder del mago es individual y personal, mientras el poder del rabino o sacerdote es colectivo y ritual. Dice Crossan, “...como los bandidos suponen un reto implícito a la legitimidad de los poderes políticos, también los magos suponían un reto implícito a la legitimidad de los poderes espirituales” (p. 198).
Quizá el aspecto más controvertido de la obra de Crossan es su análisis del concepto Reino de Dios y su posición favorable a un Jesús maestro sapiencial más que profeta escatológico de corte apocalíptico. Según Crossan, la concepción apocalíptica y la sapiencial de Jesús se combinaron y se confundían a lo largo del desarrollo de la tradición (p. 274).Dice,
Por una parte, según el modo sapiencial, siempre es posible mirar atrás y remontarse a un Edén pretérito y perdido, pero, por otra, según el modo apocalíptico, siempre es posible mirar hacia delante y esperar el advenimiento de un cielo por venir (p. 274).
Luego, identifica tres modelos donde se mezclan las tradiciones apocalípticas y sapienciales en el cristianismo primitivo. Según Crossan, el Apóstol Pablo confronta a un Jesús presente y sapiencial en Corinto. Su evangelio presenta a un Jesús futuro y apocalíptico, pero los oponentes en Corinto creen en un Jesús presente (p. 274).
Otro ejemplo se encuentra en el Evangelio de Tomás, una fuente que Crossan utiliza para atestiguar la tradición jesuánica. En Tomás, los discípulos mantienen una postura apocalíptica, pero Jesús los ridiculiza por ello. Dice el Evangelio de Tomás,
Dijo Jesús: “Si quienes os dirigen os dicen: “Mirad, el Reino está en el cielo”, entonces los pájaros del cielo os precederán. Si os dicen que está en el mar, entonces os precederán los peces. Pero el Reino está dentro y fuera de vosotros (p. 275).
Finalmente, Crossan sostiene que la fuente Q, que él llama el Evangelio de los dichos Q, tiene un estrato antiguo que es sapiencial y otro tardío que es apocalíptico (p. 275).
En resumen, Crossan presenta a Jesús como un campesino revolucionario, un tipo de cínico judío. Su invocación del Reino de Dios no es un suceso apocalíptico en el futuro inminente sino un modo de vida en el presente, un programa social que ataca el sistema de patrocinio, de honor y deshonra que eran la base de la sociedad mediterránea. Tanto las curaciones y los exorcismos como los banquetes con personas marginadas eran demostraciones de cómo se ve el Reino de Dios al nivel de la realidad política. Al fin y al cabo, Jesús proclama “el Reino de unos don nadies” (pp. 314s).
CONCLUSIÓN
Nuestra reseña de la investigación del Jesús histórico ha cubierto mucho terreno, empezando en 1778 con la obra de Reimarus y terminando hoy con Crossan. Empezó con el escepticismo racionalista con vistas a desacreditar la fe cristiana, y de hecho el escepticismo histórico caracteriza la mayoría de los investigadores que hemos considerado.
Pero el escepticismo no ha apagado el interés en Jesús desde la perspectiva de la fe. Strauss encontró el ideal humano supremo expresado en Jesús mitológicamente. Bultmann y sus seguidores aplicaron un programa existencialista para llamarnos a la existencia auténtica a través del kerygma.
Hoy en día el escepticismo histórico se ha transformado en un optimismo histórico. Eso se debe a dos motivos principales. Primero, a través de la búsqueda del Jesús histórico se ha desarrollado y mejorado mucho la metodología para estudiar las fuentes primarias: los Evangelios y la tradición jesuánica. Segundo, a partir del descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto, nuestra comprensión del judaísmo de los primeros siglos antes y después de la era cristiana se ha profundizado considerablemente. Hoy nuestras lentes históricas tienen más capacidad de enfoque, por lo tanto, tenemos mejores respuestas a la pregunta, “¿Quién fue Jesús?”
Sin embargo, la pregunta, “¿Qué importa?”, sigue resonando fuertemente. Crossan acierta cuando dice,
...cualquier tipo de cristianismo comporta siempre, explícita o implícitamente, una dialéctica entre un Jesús entendido desde el punto de vista histórico y otro Jesús entendido desde el punto de vista teológico. En otras palabras, el cristianismo supone siempre un Jesu/-Crist/ianismo (Crossan, p. 484).
No podemos separar las cuestiones históricas de las teológicas, ni las teológicas de las históricas.
Esta reseña de la investigación confirma la afirmación de Albert Schweitzer. Refiriéndose al resultado de las futuras investigaciones del Jesús histórico, dice,
Él no será un Jesucristo que la religión del presente podrá suscribir.... El Jesús histórico será para nuestro tiempo un extraño y un enigma.(5)
Así que al final de cuentas, cada uno de nosotros tendrá que contestar la pregunta de Jesús, “¿Quién decís que soy?” (Marcos 8:29)
Es éste, precisamente, el valor de muchas de estas investigaciones aquí reseñadas. Puede que se hayan producido excesos, y seguramente muchos se han dejado llevar por un optimismo cientifico o por una ingenuidad inconsciente. Tampoco puede negarse alguna intención sesgada o interesada por parte de los investigadores. Sin embargo, todo este proceso investigador se corresponde a nuestra propia búsqueda de Jesús. Sí, hay que decirlo con claridad: todos nos hacemos una imagen coherente o compacta de cómo fue Jesús. Pero ésta es siempre ingenua, o limitada, o simplista, o parcial. Y necesita ser constantemente rota por el enigma de los cuatro evangelios que, con sus similitudes y diferencias, rompen cualquier esquema compacto que nos hagamos de Jesús. De este modo, Jesús podrá seguir hablándonos tanto hoy, como lo hizo ayer y lo hará mañana. Y una señal de que habla es precisamente que nos rompe constantemente los esquemas que sobre él nos hacemos.
1. N. T. Wright cita 20 autores que él considera importante como por ejemplo, Caird, Betz, Hengel, Chilton, Lohfink, Borg, Sanders, Witherington, Meier, y otros (Wright, 1996, p. 84). [Volver]
2. Thiessen y Merz, p. 142. [Volver]
3. John P. Meier, Un judío marginal: Nueva visión del Jesús histórico, I-III (Estella (Navarra): Editorial Verbo Divino, 1998). [Volver]
4. John Dominic Crossan, Jesús: Vida de un campesino judío (Barcelona: Crítica: Grupo Grijalbo-Mondadori, 1994) [Volver]
5. La traducción es mía y ha sido tomada de Albert Schweitzer, The Quest of the Historical Jesus, Nueva York: The Macmillan Company, 1971, pp. 398-399. La versión en castellano apareció en un primer tomo que era incompleto. Recientemente, sin embargo, se acaba de publicar el segundo tomo por parte de la misma editorial.no contiene los tres últimos capítulos que tiene la versión en inglés. [Volver]
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